martes, junio 13, 2006

Defectos de la autoridad

Entiendo la autoridad fundamentada en el espíritu de servicio por parte de los progenitores. Una autoridad avalada por el prestigio personal, entendida como un acto de mejora personal consecuencia de la propia aceptación y del conocimiento propio, para educar en la responsabilidad y libertad a los niños y jóvenes. Si no se vive esta autoridad, surgen unos defectos que enumeraremos a continuación y que deberemos hacer lo posible para evitarlos:
Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar
Cuando la autoridad no es para servir Proyectarse en los hijos: A veces puede suceder que proyectamos en los hijos nuestras debilidades, limitaciones o frustraciones. Por ejemplo, es bastante corriente que sí uno no ha triunfado profesionalmente en una carrera, o no ha podido estudiar una materia determinada, se desea que no se repita esta experiencia, sin contar con la peculiar manera de ser de cada cual y se obliga a cambiar de opción al hijo o a la hija. También puede suceder respecto al carácter, sin tener en cuenta que todos somos diferentes. La conclusión a que llegaríamos es que no se puede programar su vida, se debe educar su libertad, con respeto por su individualidad y descubriendo sus particulares posibilidades.
Sobre proteccionismo: Consiste en un concepto exagerado del amor que no permite que el hijo o la hija tenga la posibilidad de equivocarse, ni de hacer algo por propia iniciativa. La protección se hace necesaria cuando hay un peligro real para el niño o niña, entonces tenemos la obligación de atender sus necesidades. Pero esto no se puede confundir con intervenir continuamente en sus decisiones. De lo que se trata es que tengan la oportunidad de conocer por si mismos el riesgo de la libertad y que encuentren las soluciones adecuadas después de un fracaso. El mal resultado educativo de esta sobreprotección es la baja autoestima y la falta de seguridad de niños y niñas que esperan que todos los problemas se los den resueltos.
El autoritarismo: Lo llevan a cabo aquellos padres y madres que tienen miedo de perder el control de todo y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar a hacer algo. La señal de esta manera de hacer es la arbitrariedad, se ordena cualquiera cosa, sin reflexionar antes si era conveniente y sin explicar las razones de la orden que se da. Todo es por imposición. Su autoridad es la ley del más fuerte, frases como: ''porque te lo mando yo, o "porque soy tu padre o tu madre''; es un abuso de poder y la máxima anulación de la personalidad del hijo o hija. Sólo consiguen el desconcierto de los niños o la desobediencia de los jóvenes. El mensaje que transmiten es de poca comprensión hacia las necesidades y sentimientos de los suyos: por lo tanto, el resultado educativo es forjar personas con timidez o con una gran rebeldía.
La rigidez: Esta actitud conlleva ser incapaces de rectificar, de cambiar de opinión; no se está dispuesto a escuchar ni a enterarse del porqué de una actuación determinada. Se cree que siempre se tiene la razón, sin respetar el hijo o hija. La base de la buena comunicación es la confianza donde hay diálogo. Se aprende de los otros siempre, puesto que hijos e hijas pueden tener ideas diferentes a las de sus progenitores y, no por esto, dejar de ser buenas. El contrario de la rigidez es la flexibilidad para saber valorar lo que es importante permanentemente, o bien aquello que sólo lo es temporalmente.

4 comentarios:

Marcela dijo...

GRACIAS A JM POR ESTE ENVÍO

Noely dijo...

Bue-ní-si-mo el artículo. Èste como tantos otros que me llegan de su
parte me enriquecen a mí y a mi familia. Que haya lluvia de bendiciones de
parte de Dios para usted y los suyos.

Mercedes dijo...

cierto los artículos que envías son bastante interesantes.

Violeta dijo...

Hola Javier, que bonita información de verdad, es muy importante todo
esto,
fijate tengo una niña que ya va a cumplir 8 años, y a veces pierdo la
paciencia con ella, en mi particular punto de vista, considero que nos
dberían de educar para ser papás, es decir algún curso en una escuela, en la

iglesia donde sea, que las personas con experiencia nos transmitan sus
experiencias, sus errores, sus aciertos y desaciertos, para que los papás
jovenes no cometamos los mismos errores.