Familias canadienses piden que la escuela respete los derechos educativos de los padres
- M. ÁNGELES BURGUERA
- 26 JULIO 2011
Una institución canadiense ha resumido en un
documento los puntos principales que sustentan la autoridad de padres y tutores como primeros responsables de la educación de sus hijos, también en la escuela pública, y ha comenzado una campaña para conseguir adhesiones que respalden la actuación de los progenitores frente a los excesos del Estado o las limitaciones de las autoridades educativas. Entre otras peticiones, exigen información previa sobre los programas de algunas asignaturas y la posibilidad de decidir la no asistencia de los hijos, cuando los contenidos entren en conflicto con su competencia como padres.
La declaración pide instaurar un sistema de consulta en los programas sobre sexualidad y otros temas sensibles, de manera que se conozcan sus contenidos y los padres puedan decidir que sus hijos participen o no en esas clases
La iniciativa se puso en marcha en Canadá a comienzos de julio por una sociedad denominada
Catholic Civil Rights League y busca apoyos entre todo tipo de personas y asociaciones que estén de acuerdo con su contenido, independientemente de su fe o creencias. Su objetivo es “recordar a la sociedad que padres y tutores son los primeros y más importantes cuidadores de sus hijos” y su autoridad “debe ser respetada por el Estado y todos los que tienen que ver con el proceso educativo”. Se trata de dar apoyo a unos padres que “a menudo se sienten aislados o marginados en sus relaciones con las autoridades educativas o con los profesionales”.
El documento apoya cada uno de sus afirmaciones en textos aprobados por Naciones Unidas y reconocidos por la gran mayoría de países, desde la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) a la Convención sobre los Derechos del Niño (1989). El texto destaca sobre todo la primacía de la autoridad de los padres en la labor educativa, por el simple hecho de haber dado la vida a sus hijos. Esta obligación natural les confiere, según los promotores de la declaración, una autoridad inalienable para educar a sus hijos que “no depende ni se deriva de la sociedad o el Estado”. Por eso, aunque deleguen parte de su responsabilidad en maestros o profesores que les ayuden, “los padres y tutores siguen reteniendo su autoridad”, señala.
A la vez que se recuerda el deber de los padres de comprometerse activamente en el proceso educativo, cooperando con los profesores y colegios, se les reconoce la posibilidad de que puedan educar a sus propios hijos en casa, con la ayuda de profesores que ellos mismos busquen, en colaboración con otros padres, o poniendo en marcha colegios que concuerden con sus objetivos y convicciones. Según la Catholic Civil Rights League, apoyar y ayudar esas iniciativas de padres y tutores desde el Estado y la sociedad “resulta coherente con el pluralismo auténtico”.
Más transparencia
El texto es especialmente sensible hacia la formación en ética y normas morales, aspectos que no deben ceñirse solo al contexto de la práctica religiosa. Por eso, también en las escuelas públicas –que se ven como una ayuda a los padres– debe seguir prevaleciendo la autoridad de los progenitores sobre la educación de los niños. “La escuela pública no puede convertirse en un instrumento de imposición cultural, ideológica o religiosa, amparándose en el argumento de que el Estado o las autoridades educativas conocen mejor lo que beneficia más a sus hijos”.
Los firmantes de la declaración exigen la puesta en marcha de un sistema de consulta sobre los programas de las asignaturas y la posibilidad de que los padres decidan sobre la participación o no en algunas actividades. La petición de transparencia en los programas y materiales escolares debe ser especialmente cuidadosa en materias como la sexualidad y otros temas sensibles, de manera que se conozcan con antelación esos contenidos y se respete que, en algunos casos, los padres decidan que sus hijos no asistan o participen en esas clases. Amparándose en textos reconocidos internacionalmente, la Catholic Civil Rigths League asegura también que “nadie puede obligar a los niños y a los jóvenes a guardar secreto sobre contenidos y métodos de instrucción”.
La asociación canadiense recuerda que para el desarrollo y el bienestar de los niños y de la sociedad, es preciso educar en el bien, la verdad y la libertad, lo que incluye potenciar no solo el conocimiento sino también algunas virtudes. En su opinión, éstos son aspectos fundamentales de la educación y resultan esenciales para el desarrollo y bienestar de los niños y de la sociedad.
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Un cambio legal con repercusiones de gran alcance
El coste de redefinir el matrimonio
En EE.UU. siguen las batallas políticas sobre el “matrimonio gay”. La última ha tenido lugar en el estado de Minnesota, donde la Cámara y el Senado han aprobado que en las elecciones de 2012 se someta a referéndum una enmienda constitucional para proteger el matrimonio entre hombre y mujer. En apoyo de esta propuesta, la Dra. Jennifer Roback Morse dirigió a la Cámara las siguientes consideraciones para hacer ver cómo la redefinición del matrimonio afecta a los niños, a la paternidad y a la intervención del Estado en la familia.
En lugar de unir los hijos a sus padres biológicos, el matrimonio del mismo sexo es el vehículo que separa a los niños de uno de sus padres
El objetivo público esencial del matrimonio es unir a madres y padres con sus hijos y entre sí. Para poder ver la importancia de este fin, debemos considerarlo desde la perspectiva del niño. ¿Qué hay que dar al niño? A diferencia de los adultos, el niño no necesita autonomía o independencia. El niño necesita que las dos personas que le trajeron a la vida se relacionen y cuiden de él.. Por lo tanto, el niño tiene un interés legítimo en la estabilidad de la unión de sus padres. Pero ningún niño puede defender estos derechos por sí mismo. Ni tampoco es posible restituirle estos derechos una vez que hayan sido violados. Los derechos del niño a la relación con sus padres y a que le cuiden deben ser apoyados activamente, antes de que el daño haya sido hecho.
Cambio niño por adultos
El matrimonio es la institución de la sociedad adulta que protege los intereses legítimos de los niños. Sin este propósito público, no necesitaríamos del matrimonio como una institución social específica.
Frente a esto a menudo se objeta que también hay matrimonios que no tienen hijos. Esto es verdad, pero todos los niños tienen padres. Privar a un niño de relacionarse con sus padres es una injusticia que se hace al niño, y no debería admitirse a menos que hubiera una razón convincente o inevitable. La objeción de que algunos matrimonios no tienen hijos pone del revés la razón fundamental del matrimonio. Ve al matrimonio estrictamente desde el punto de vista del adulto, en lugar de hacerlo desde la perspectiva del niño.
La alternativa al principio biológico para la determinación de la paternidad es el principio de que el gobierno decida quién es el padre
Para qué sirve el matrimonio
Las parejas del mismo sexo y las parejas heterosexuales son claramente diferentes con respecto al fin público esencial del matrimonio, y tratar cosas diferentes de forma diferente no es discriminación. Por eso en los pocos casos en que los tribunales han decidido que el no reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo es una discriminación ilegal, han atribuido al matrimonio fines que no tienen nada que ver con la procreación o con la unión de los hijos con sus padres.
Por ejemplo, el juez Vaughn Walker, quien falló contra la Proposición 8 en California, definió el matrimonio de la siguiente forma: “Matrimonio es el reconocimiento y la aprobación por parte del Estado de la decisión de una pareja de vivir juntos, estar comprometidos entre sí y formar un hogar basado en lo que sienten el uno por el otro, y a compartir su economía para apoyarse mutuamente y a los que dependen de ellos.”
Según esta definición, el matrimonio no tiene nada que ver con los hijos, con la permanencia, con la exclusividad sexual o incluso con el sexo: algunos compañeros de habitación en la universidad se podrían considerar casados según esta definición. El propósito público esencial del matrimonio se ha desvanecido y ha sido reemplazado por fines privados no esenciales. En lugar de ser una institución social fundamental, el matrimonio se convierte en nada más que un registro gubernamental de amistades, una inútil convención legal que francamente no merece ninguna ayuda o reconocimento del Estado.
Los mejores padres
Pero el niño también necesita unión con su madre y su padre. Algunas veces oímos afirmar que las investigaciones concluyen que las parejas del mismo sexo pueden ser buenos padres, como se pretende demostrar en un reciente estudio publicado en la revista
Pediatrics [2010; 126:28-36]. Esta investigación se basó en los datos aportados por una muestra poco representativa de madres lesbianas de 78 adolescentes, información que no se puede considerar suficiente para establecer conclusiones generalizadas. Aun así, los titulares dijeron: “Las lesbianas son los mejores padres”. Y una revisión publicada en 2010 de 80 estudios admitió que hay muy pocas pruebas acerca de las parejas masculinas como padres [
Journal of Marriage and Family, 2010; 72:3-22]. Sencillamente, no tenemos suficientes pruebas para extraer conclusiones del tipo “las lesbianas son los mejores padres”.
En el otro lado de la ecuación tenemos montones de datos que muestran que los niños necesitan un padre y de una madre [ver
Why Marriage Matters: cfr. Aceprensa, 17-07-2002], y que el padre hace una contribución específica al bienestar de los hijos [ver D. Blankenhorn,
Fatherless America: cfr. Aceprensa, 22-03-1995]. Las madres y los padres no son intercambiables, pero para cambiar la definición de matrimonio será necesario decir que sí lo son. De hecho, los tribunales están diciendo tonterías tales como que “la idea tradicional de que los hijos necesitan una madre y un padre para ser educados como personas sanas y equilibradas está basada más en un estereotipo que en cualquier otra cosa”. Esta declaración del Tribunal Supremo de Iowa [caso Varnum vs Brien] es simplemente falsa en cuanto afirmación general.
Nada más que biología
Pero el problema más significativo es cómo la redefinición del matrimonio afecta a otros aspectos del sistema legal y social.
El matrimonio del mismo sexo cambia la definición de la paternidad, como efecto colateral de la redefinición de matrimonio. Hasta ahora, el matrimonio ha hecho que la paternidad legal siga a la paternidad biológica, con algunas excepciones por adopción. La presunción legal de paternidad significa que se presume que los niños nacidos de una mujer casada son hijos de su esposo. Con esta norma legal, y con la práctica social de exclusividad sexual, el matrimonio une a los hijos con sus padres biológicos.
Por supuesto, las parejas del mismo sexo no pueden procrear juntas. Lo que se está llamando “igualdad matrimonial” requiere un cambio sospechoso de la “presunción de paternidad” a una “presunción de paternidad legítima” indiferente al género. Este juego de manos transforma la comprensión jurídica de la paternidad. La pareja del mismo sexo de un padre biológico nunca puede ser el otro padre biológico. En lugar de unir los hijos a sus padres biológicos, el matrimonio del mismo sexo es el vehículo que separa a los niños de uno de sus padres.
Pero la biología reclama sus prerrogativas, como está ocurriendo de hecho en algunos casos. Algunas mujeres que tienen niños con parejas del mismo sexo se dan cuenta de que compartir el cuidado de sus hijos con otra mujer no es tan sencillo como pensaron, y en realidad no es lo mismo que compartir estos cuidados con el padre del niño. Algunos hombres que acceden a ser donantes de esperma como “amigos”, se dan cuenta de que quieren tener con sus propios hijos una relación más estrecha de lo que habían pensado. Y algunos niños echan de menos al padre que les falta, hacen preguntas incómodas acerca de sus orígenes, y tienen la sensación de haber sido comprados [ver E. Marquardt et al.,
My Daddy’s Name is Donor: cfr. Aceprensa, 4-06-2010].
Los defensores de lo que llaman “igualdad matrimonial” frecuentemente responden que “eso no es más que biología”, como si la biología no fuera importante. Piden a la gente que dejen de lado su apegamiento natural de padres hacia sus hijos, la natural dificultad de tratar el hijo de otra persona como si fuera suyo, los deseos naturales de los hijos de saber quiénes son y de dónde vienen. Pero no se podrá suprimir indefinidamente todos estos sentimientos en todas esas personas.
El gobierno decide quién es el padre
Además de todos estos sentimientos inesperados, la redefinición del matrimonio tendrá consecuencias legales de gran alcance. Los tribunales están otorgando derechos de paternidad a individuos que no son ni padres biológicos ni padres adoptivos: vamos a llamar a estas personas los “no-padres”. Los tribunales y hasta algunos parlamentos están otorgando derechos de paternidad a no-padres, mientras que personas que responden a lo que es un padre están viendo disminuidos sus derechos de paternidad porque una vez tuvieron una relación sexual con alguien.
Para hacer esto, el Estado debe establecer indicios varios para determinar si la persona realmente merece el estatus de “padre de hecho”. El tribunal termina por escudriñar los detalles minuciosos de la vida en familia para determinar si la persona reúne todos los requisitos para ser un padre de hecho.
Seamos claros: la alternativa al principio biológico para determinar la paternidad es que el gobierno decida quién es el padre. En lugar de simplemente registrar la paternidad, el Estado la determinará, no solo en casos excepcionales sino como algo rutinario. Esto es lo que acabará significando “que el Estado no se meta en asuntos de matrimonio”.
En pocas palabras, redefinir el matrimonio como unión de dos personas en lugar de unión de un hombre con una mujer echa por la borda tres principios fundamentales: primero, el principio de que los niños tienen derecho a una relación con ambos padres; segundo, el principio biológico para determinar la paternidad; y tercero, el principio de que el Estado reconoce la paternidad, pero no la asigna.
No son cambios insignificantes. Hay que tener en cuenta que estas inquietudes no implican que alguien no sea digno del matrimonio, no hacen a nadie un “ciudadano de segunda clase”, y no menosprecian a nadie. Al cambiar la ley del matrimonio se cambia para todos, y se crean incentivos que pueden afectar el comportamiento de todos. Redefinir el matrimonio es un experimento social radical.
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La Dra. Jennifer Roback Morse es la fundadora y presidenta del Ruth Institute, un proyecto de la National Organization for Marriage. Es madre de un hijo adoptado y de otro natural, y, junto con su esposo, fueron una familia de acogida en el condado de San Diego durante tres años. El texto completo de su intervención se publicó en
MercatorNet.com, 2-06-2011.
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Desde hace tres décadas, en Estados Unidos se escucha la cantinela de que uno de cada dos matrimonios acaba en divorcio. Pero ahora un informe de la Oficina del Censo de ese país revela que el matrimonio allí se está convirtiendo en una institución social más estable: se casan menos, cierto, pero los que lo hacen duran más en comparación con lo que ocurría en los años ochenta y noventa.
The Survey of Income and Program Participation (SIPP) es una de las encuestas nacionales que pueden dar una foto robot más fiable de cómo son los mayores de 15 años y los hogares de Estados Unidos. Con una periodicidad aproximada de cinco años, la SIPP se centra en el estado civil.
La última de este tipo se hizo en 2009 en cerca de 39.000 hogares. En la encuesta participaron 55.497 adultos que han estado casados alguna vez. A todos se les preguntó el número de años que llevan casados, si son matrimonios intactos; o por las separaciones, divorcios, nuevos matrimonios o viudez, según los casos.
Rose M. Kreider y Renee Ellis, investigadoras de la Oficina del Censo de Estados Unidos, han ordenado estos datos; los han cruzado con los de las SIPP relativas al estado civil que engloban el período de tiempo que va desde 1986 a 2009; y, además, han analizado la evolución del estado civil de las mujeres y hombres nacidos entre 1940 y 1944. Con todo este material, han elaborado un
informe que ofrece algunas conclusiones novedosas (1).
Matrimonio más tardío
Un primer cambio significativo que marca tendencia es el incremento de la edad del primer matrimonio, algo que se lleva observando desde hace tiempo. Pero que ahora se une al dato de que ese retraso se traduce en un porcentaje mayor de adultos jóvenes que terminan por no casarse.
Así, mientras que en 1986 el porcentaje de mujeres entre los 25 y los 29 años que no se habían casado era del 27%, en 2009 subió al 47%. Sin embargo, entre las mujeres de 55 años apenas ha habido variaciones (del 5% se ha pasado al 6% en ese mismo período de tiempo).
La tendencia a posponer el matrimonio afecta todavía más a las mujeres afroamericanas. Mientras que en 2009 el 43% de las mujeres blancas (no hispanas) de entre 25 y 29 años no estaban casadas, entre las mujeres afroamericanas de esa edad el porcentaje alcanzaba al 70%. Pero también en este grupo siempre ha sido más frecuente la maternidad al margen del matrimonio.
Baja el divorcio entre jóvenes
Pese a que el divorcio sigue estando más extendido en Estados Unidos que en la mayoría de países europeos, hay algunos datos positivos. En primer lugar, las tasas de divorcio empiezan a caer ligeramente respecto a las de los años ochenta, cuando llegaron a su punto más alto. Frente al 74% de parejas casadas en los ochenta que celebraron su décimo aniversario, el porcentaje de casados a partir de 1990 que llegaron a ese aniversario subió a un 77%.
También se consolida la caída del divorcio entre las generaciones más jóvenes. En efecto, en 1996 el porcentaje de mujeres casadas de entre 25 y 29 años que estaban divorciadas llegaba al 19%; en 2009 este porcentaje descendió al 14%.
Idéntico patrón se produjo entre las mujeres casadas de entre 30 y 34 años. En 1996, el porcentaje de las divorciadas era del 26%, y en 2009 bajó al 21%; o sea, una caída de casi el 20% de divorcios. En esos años, también descendieron las tasas de divorcio entre las mujeres de entre 35 y 39 años, 40 y 49 años; en cambio, subió en los tramos de edad de las mujeres de entre 50 y 59, 60 y 69, 70 y más años.
La educación es clave
¿A qué se debe este cambio de tendencia? El informe no ofrece demasiadas explicaciones. Una pista apunta a la legislación divorcista de los años setenta, que afectó sobre todo a las mujeres que ahora están entre los grupos de edad de 50 en adelante.
Otra causa: “Mientras las tasas de nupcialidad caen y la cohabitación se extiende, el matrimonio se ha vuelto más selectivo para los adultos que están mejor situados económicamente y tienen más formación”.
El informe apoya esta conclusión en un estudio del sociólogo norteamericano Andrew Cherlin (2). En la misma línea, W. Bradford Wilcox –director del National Marriage Project y profesor de sociología en la Universidad de Virginia– ha mostrado que en Estados Unidos la tasa de divorcios entre los matrimonios con estudios superiores ha caído un 30% desde 1980, mientras que la de los matrimonios con estudios inferiores ha subido un 6% (3).
A partir de estos datos, Wilcox sostiene la tesis de que la progresiva desinstitucionalización del matrimonio –a través del debilitamiento jurídico y social del compromiso conyugal– ha abierto un nuevo frente en la brecha entre ricos y pobres: la desigualdad matrimonial.
Pero cuando Wilcox explica la evolución de la institución matrimonial no se detiene únicamente en los aspectos económicos. “Hoy día, el matrimonio se ha convertido en una institución mucho más selectiva”, afirma. “La gente con más formación, mejor posición económica o más religiosa es más propensa a casarse y a permanecer casada”, declara al
Washington Post (18-05-2011).
De manera que ni la decisión de casarse ni las posibilidades de éxito o de fracaso en el matrimonio vendrían determinadas por factores económicos. Tras varias décadas de numerosas rupturas familiares, parece que va calando la idea de prepararse mejor para el matrimonio y adquirir una conciencia mayor del compromiso que supone.
Así, el informe de la Oficina del Censo muestra un ligero aumento del 1-2% entre los aniversarios celebrados en 2009 en comparación con los de 1996. El 83% de las parejas casadas en el momento de hacerse la encuesta de 2009 había celebrado su quinto aniversario; el 55% había estado casado por lo menos 15 años; el 35% brindó por sus 25 años y el 6% celebró una bodas de diamante en toda regla.
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Notas:
(1) Rose M. Kreider y Renee Ellis, “Number, Timing, and Duration of Marriages and Divorces: 2009”,
Household Economics Studies, mayo 2011, págs. 70-125, United States Census Bureau.
(2) Andrew Cherlin,
The Marriage-Go-Round: The State of Marriage and the Family in America Today, Random House, Nueva York, 2009.
(3) W. Bradford Wilcox, “The Evolution of Divorce”,
National Affairs, núm. 1, otoño 2009, pp. 81-94.
FTE ACP
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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha hecho precisamente esta afirmación:
Una nota para los medios que acompañaba el informe, publicada el 27 de abril, señalaba que las familias son una fuente clave de respaldo económico y social para las personas, además de ser un instrumento crucial de solidaridad.
“Las familias proporcionan identidad, amor, cuidado, alimento y desarrollo para sus miembros y forman el núcleo de muchas redes sociales”, afirmaba.
El informe, titulado “Asegurar el Bienestar de las Familias”, reconocía también que la pobreza está aumentando en familias con hijos en casi todos los países miembros de la OCDE.
Los padres se enfrentan, además, a problemas al tratar de combinar trabajo y compromisos familiares. El informe pedía a los gobiernos que adoptasen políticas de apoyo a las familias, dándoles asistencia y ayuda económica con iniciativas como el permiso para los padres y flexibilidad laboral.
Según la OCDE el gasto público medio en prestaciones familiares asciende a poco más del 2,2% del PIB.
Una de las áreas en la que más se podría hacer es en las ayudas a la natalidad. Muchas familias quieren tener más hijos, explicaba el informe, y en muchos países la gente no tiene tantos hijos como, según dicen, querrían.
Según el informe, las tasas de natalidad de los países de la OCDE han caído de modo significativo desde donde estaban hace unas décadas, cuando el promedio era de 2,2 hijos por mujer, hasta los actuales 1,7 hijos por mujer.
Los países con un nivel más alto de fertilidad dan un mayor apoyo tanto en forma de pagos en efectivo como en servicios a las familias con hijos pequeños. Las políticas que permiten a las madres un trabajo a tiempo parcial también ayudan a las familias a combinar el empleo y el cuidado de los hijos de modo más eficaz.
Apoyar a las familias no es bueno sólo para los padres, apuntaba el informe. “El bienestar de los niños está íntimamente unido al bienestar de la familia. Cuando prosperan las familias, prosperan los niños”.
Estudio en el Reino Unido
Los hallazgos de un estudio reciente en el Reino Unido apoyaban la importancia de la vida familiar. A finales de febrero se publicaban los resultados de una encuesta de 2009 realizada en 40.000 hogares por el Institute of Social and Economic Research de la Universidad de Essex.
El estudio abarcaba una amplia gama de temas, pero uno de los capítulos se dedicaba a la familia. Entre los resultados estaban los siguientes puntos.
-- Al tener en cuenta una serie de factores, se descubrió que las personas en parejas de hecho son significativamente menos felices en sus relaciones que las personas casadas.
-- La satisfacción de los jóvenes con su situación familiar está claramente ligada a la calidad de las relaciones con sus padres. En las familias en las que la madre del niño no es feliz en su relación, sólo el 55% de los jóvenes afirman estar "completamente satisfechos" con su situación familiar - en comparación con el 73% de los jóvenes cuyas madres son "muy felices" en sus relaciones.
-- Los niños de familias monoparentales son menos propensos a considerarse plenamente felices con su situación.
-- No sorprende que el estudio descubriera que los niños que no discuten con ninguno de sus padres más de una vez a la semana tengan un nivel de felicidad mayor que aquellos que tienen frecuentes disputas. La encuesta también descubrió que la felicidad de los niños mejoraba cuando sometían a discusión temas importantes con sus padres con frecuencia.
-- También es importante cenar juntos en familia. Los niños que no cenan con su familia al menos tres veces a la semana son más propensos a decir que son plenamente felices en su situación familiar que aquellos niños que no cenan nunca con su familia o lo hacen menos de tres veces a la semana.
Calidad
Otro estudio reciente de Estados Unidos examinaba la influencia de la calidad de la relación de sus padres sobre los niños. La organización Child Tends publicó su estudio el 8 de abril.
Con el título “Calidad de la Relación de los Padre y Resultados de los Niños según Subgrupos”, analiza las respuestas de más de 64.000 padres con hijos de entre 6 y 17 años.
Mostraba que la calidad de la relación de los padres era “asociada de modo continuo y positivo con una serie de resultados del niño y de la familia”. Estos resultados incluyen problemas de comportamiento, rendimiento escolar y comunicación padres-hijos.
El estudio señalaba también que las investigaciones de los últimos años sugieren que las relaciones de mayor calidad de los padres tienden a propiciar, en los hijos, actitudes más positivas hacia el matrimonio, que a su vez hacen más probable que haya relaciones y matrimonios de buena calidad.
Comentando este estudio, Elizabeth Marquardt, directora de la página web FamilyScholars.org, y ella misma autora de un libro sobre cómo los hijos se ven afectados por el divorcio, lamentaba el hecho de que el estudio guarde silencio sobre hasta qué punto el estatus marital influía en los niños.
En el comentario que hacía en su página web, explicaba que profundizar en las tablas y estadísticas del estudio sobre el tipo de relación familiar proporcionaba una clave fundamental a la hora de interpretar los resultados. Al desglosar el tipo de familia, la encuesta mostraba que los hijastros tenían el doble de probabilidades de tener problemas de comportamiento, si se los compara con los niños que viven con sus propios padres casados.
Los problemas aumentan para aquellos niños que viven con parejas de hecho. Tenían casi tres veces más probabilidades de tener problemas.
Estas diferencias tan importantes también están presentes en otros parámetros, como las relaciones sociales y el comportamiento escolar.
Marquardt mencionaba también que los resultados del estudio mostraban que la calidad de la relación entre los adultos dependía de si estaban casados o no. La mayor estabilidad y durabilidad de una pareja casada son de gran ayuda para los hijos.
El matrimonio es bueno
Aunque la noticia de que el matrimonio es bueno tanto para las parejas como para sus hijos no es nueva, sigue siendo confirmada por las investigaciones. A principios de año, el doctor John Gallacher y David Gallacher, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cardiff, publicaban un artículo en BMJ Student.
Según un reportaje en profundidad publicado el 28 de enero en el periódico Independent, analizaban la cuestión de si el matrimonio es bueno para la salud.
“La conclusión es que, médicamente hablando, el grupo más longevo es el de los casados”, afirmaba el Dr. Gallacher.
Su trabajo hacía referencia a un estudio que involucraba a millones de personas en siete países europeos. Mostraba que, de media, las tasas de mortalidad eran de un 10% a un 15% inferiores en las parejas casadas.Es decir, mientras más tiempo la pareja estaba casada, mayor la diferencia.
Cuando se trata de los niños, Kay S. Hymowitz, en un artículo publicado por el Los Angeles Times el pasado 11 de noviembre, mantenía que las relaciones inestables son más perjudiciales para los niños que la pobreza.
Se basaba en el material publicado en el número de otoño de la revista Future of Children. Los artículos de la revista eran la conclusión de un estudio sobre 5.000 niños nacidos en zonas y cuyos padres pertenecían en su mayoría a minorías.
El estudio sobre Familias Frágiles y Bienestar Infantil ha seguido a estos niños que nacieron a finales de los noventa.
Al nacer, la mitad de las parejas vivían juntas sin estar casadas, aunque declararon a los investigadores que había mucha probabilidad de que se casaran. Sin embargo, cinco años después sólo el 15% de estas parejas se había casado, y el 60% habían roto.
Muchas de las familias rotas tenían problemas económicos y los hijos tenían poco contacto con su padre biológico.
El estudio mostraba que los niños con madres solteras tenían más problemas de comportamiento que aquellos con dos padres y que estos problemas empeoraban con cada ruptura y nueva relación.
¿Responderán los gobiernos al llamamiento de la OCDE a aumentar su apoyo a las familias? El coste de no hacerlo es demasiado alto.
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