Mostrando entradas con la etiqueta alcohol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alcohol. Mostrar todas las entradas

lunes, octubre 28, 2013

DAÑOS DROGAS

Un estudio1 aparecido en The Lancet (1) trata de cuantificar el daño en la salud que provocan las drogas ilegales en todo el mundo. Aunque se trata solo de una aproximación, los datos son suficientemente relevantes.
Los autores reconocen que el informe cuenta con importantes limitaciones: en primer lugar, las cifras no son fruto de una investigación propia, sino que están tomadas de diversos estudios, aunque todos ellos recientes; en segundo lugar, solo se han tenido en cuenta los efectos de las drogas sobre la salud de las personas, dejando de lado los daños sociales, familiares y económicos; por otro lado, no se han estudiado las consecuencias de las llamadas “drogas legales”: el alcohol y el tabaco, sino solo las de las ilegales, y especialmente el cannabis, las anfetaminas, los opiáceos y la cocaína; además, los datos se restringen a los consumidores dependientes, es decir, a aquellos en las que se da la presencia –al menos durante un mes– de tres o más indicadores de dependencia según la última edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades. Este filtro deja fuera a los consumidores ocasionales, que en drogas como la marihuana o el hachís son una proporción bastante significativa del total.
La tasa de dependencia subió más de un 20% entre 1990 y 2010, debido fundamentalmente a los opiáceos
Años perdidosLas unidades empleadas para medir el daño de cada droga han sido los YLDs (Years Lived with Dissability, es decir los años vividos con una discapacidad motivada por la dependencia de la droga) y los YLLs (Years of Life Lost, los años de vida perdidos debido a una muerte prematura –por la misma razón– de acuerdo a la esperanza de vida previsible). La suma de estos dos factores da el número de DALYs: el conjunto de años afectados de una u otra manera por la droga.
Por ejemplo: si una persona que por sexo, grupo social, etc. tiene una esperanza de vida de 80 años, muere a los 50 años por una causa directamente relacionada con su dependencia, se cuentan 30 YLLs; si además ha sufrido durante sus últimos diez años algún tipo de discapacidad motivada por la droga, se sumarían 10 YLDs. En total, 40 DALYs. Sumando los DALYs de todos los dependientes –obviamente, utilizando muestras de población– se obtiene el daño total causado por las drogas en el mundo.
Este acercamiento, a la vez que resulta práctico, se enfrenta a un gran problema: cómo saber qué muertes o qué discapacidades son atribuibles al efecto de la droga. En algunos casos, la relación causa-efecto aparece bastante clara, y como tal se ha consignado en las autopsias, y de ahí ha pasado a los informes revisados por el equipo investigador.
En otros casos menos claros, donde los efectos de las drogas son indirectos, los investigadores emplean un criterio estrictamente consuetudinario: se ciñen a lo que la comunidad científica ha ido sancionando con el paso del tiempo y de las investigaciones. Por ejemplo, existen numerosas investigaciones que señalan una relación entre el consumo frecuente de cannabis y la aparición o el agravamiento de la esquizofrenia; de ahí que los autores cuenten como daño del cannabis esos efectos siempre que haya indicios científicos de la conexión en los casos concretos. En cambio, la relación entre cannabis y enfermedades de miocardio no tiene aún aval científico suficiente, por lo que no se tiene en cuenta.
El cannabis produce tanta discapacidad por consumidor dependiente como la cocaína y las anfetamina
La epidemia que no cesaDesde 1990 a 2010, el número total de DALYs creció más de un 40%; aunque si se descuenta el efecto del crecimiento de la población, el aumento queda en un 22%. Los opiáceos tienen gran culpa de esta tendencia, ya que los DALYs producidos por este tipo de dependencia subieron un 40% –sin contar factores demográficos–. En total, en estos veinte años se produjeron casi 20 millones de DALYs: la suma de 3,5 millones de “años muertos” (YLLs) y de 16,5 millones de años de discapacidad (YLDs).
El mayor número de dependientes –que no de consumidores, donde el cannabis mantiene un indiscutible primer puesto– lo ocasionan las anfetaminas (más de 17 millones), seguidas de los opiáceos y el cannabis (15,5 millones y 13 millones respectivamente). El número de dependientes de la cocaína es bastante inferior: cerca de siete millones. Uno de cada tres dependientes es mujer, aunque la proporción es algo mayor –pero siempre por debajo del hombre– en el cannabis y las anfetaminas.
La droga que, con mucha diferencia, provoca más DALYs son los opiáceos, no solo por las adicciones, sino también por su relación con el VIH (el virus causante del sida). Casi cuatro veces menos daño ocasiona la cocaína, el cannabis y las anfetaminas, con una ratio DALYs-dependiente muy parecida entre ellos.
Aunque las anfetaminas provocan el mayor número de casos de dependencia (uno de cada tres), los años de discapacidad (YLDs) atribuibles a esta droga solo representan el 15% del total, y el número de “años perdidos” es apenas significativo, pese a que es la sustancia más claramente asociada al suicidio. En cambio, el daño de los opiáceos, aunque menor en extensión, es más intenso: aunque esta droga supone el 29% de las adicciones, su representación tanto en los YLDs como sobre todo en los YLLs es mucho mayor, un 43% y un 55% respectivamente. Es decir, más de la mitad de los años muertos se deben a los opiáceos. Otro significativo 43% es atribuible al grupo de sustancias que el informe engloba en “otras drogas”: éxtasis, alucinógenos, uso no médico de fármacos como la benzodiacepina, etc.
Cannabis: droga blanda con duras consecuenciasLa imagen social del cannabis es mucho más positiva que la de la cocaína, algo que probablemente tenga que ver con una supuesta mayor facilidad para consumir cannabis sin llegar a ser dependiente. Los números del informe –que se refieren solo a los casos de dependencia– señalan no obstante que el número de dependientes de la cocaína es apenas la mitad que los del cannabis.
Es cierto que el consumo de cannabis apenas produce YLLs, entre otras cosas porque su relación con el suicidio o con algunas enfermedades de corazón no está aún lo suficientemente demostrada. Sin embargo, la proporción de años de discapacidad por cada dependiente es muy similar a la de la cocaína, y solo ligeramente inferior a la de las anfetaminas.
Como efectos indirectos sobre la salud, más allá de la propia dependencia, el cannabis solo se ha relacionado fehacientemente con la esquizofrenia: tanto su agravamiento como su temprana aparición. No obstante, la proporción de casos es poco significativa. Nada que ver, por ejemplo, con el principal “daño colateral” producido por las drogas ilegales: el VIH.
Según el informe, las infecciones de VIH debidas al consumo intravenoso (fundamentalmente de opiáceos) supusieron entre 1990 y 2010 un total de 2,1 millones de DALYs, más del 10% del total. De ahí que los autores centren sus recomendaciones en este tipo de sustancias. En concreto, proponen fomentar el uso de sustitutivos a los principales opiáceos como forma de desenganchar a los dependientes, y facilitar el tratamiento con antirretrovirales a los infectados por VIH.
__________________Notas(1) “Global burden of disease attributable to illicit drug use and dependence: findings from the Global Burden of Disease Study 2010”, The Lancet (29-08-2013).

lunes, junio 10, 2013

JUVENTUD, DROGAS Y ALCOHOL

Vicente Franco Gil

 
La última encuesta acerca del alcohol y las drogas en España entre 2011-2012, elaborada por el Ministerio de Sanidad, señala que los jóvenes en edades comprendidas entre 14 y 18 años se sitúan en primera posición en el ranking del consumo de alcohol, tabaco y cannabis.
Ante este contexto más que preocupante, se me vienen a la cabeza un aluvión de preguntas que circunscriben a un amplio elenco de personas e instituciones de las que ninguna de ellas pueden zafarse de sus respectivos compromisos sociales. Viviendo en la parcela del primer mundo, transitando en pleno siglo XXI y perteneciendo al continente más vetusto de la Tierra por el que la historia ha atestiguado hechos que se han plasmado en una ingente cosecha de páginas, nada de ello al parecer resulta útil para acrisolar hoy los actos humanos y definir comportamientos adecuados. Cuando la población más joven y vulnerable, la misma que en unos años tiene la grave obligación de efectuar el relevo generacional de quienes les preceden, es a su vez la que de forma ascendente se va degradando en el incipiente segmento de sus vidas al hilo de la gran ingesta de alcohol y al desmesurado consumo de cannabis, y por ende, de diversas sustancias psicotrópicas, ha llegado la hora de cuestionarnos, de un modo u otro, todo aquello que estamos haciendo mal.
 
Apuntaba anteriormente que frente a este naufragio juvenil debemos buscar responsables pero también respuestas que sustenten el resultado de aquella encuesta. Así pues, atendiendo a la conducta impúdica de esos jóvenes, quizá lo primero que falle sea una educación coherente que les vincule al bien, esa pariente pobre de nuestra coyuntura social que con frecuencia se ve difamada tanto en centros escolares como en el seno de las propias familias. Porque está claro que cuando la célula social por excelencia que es la familia se quiebra, los hijos son presa fácil del infortunio. Hoy en día la generosidad hacia la gestación y la maternidad es decadente. Se prefiere tener pocos hijos, en muchos casos solamente uno, para eso sí darles todo lujo de consentimientos. Quizá deberíamos preguntarnos si estamos educando a nuestros hijos en el “tener” y no en el “ser”, en valorar a los demás por lo que tienen o pueden reportar y no por lo que son como persona, siendo nuestro ego el centro del universo sobre el cual gira todo a nuestro alrededor. Quizá estemos también en unos tiempos en que la permisividad colma nuestra falta de responsabilidad, donde el deber es algo relativo y el esfuerzo un fin obsoleto propio de sociedades rancias y conservadoras.
 
Pensábamos que con el logro democrático de la escolarización obligatoria y la proliferación de bibliotecas cambiaría el porcentaje de fracaso y los jóvenes huirían de la ruina del alcohol y la marihuana, pero no, el ser humano es muy perezoso, mientras la cultura es muy exigente. Mercedes Ruiz Paz, en su fastuoso ensayo Los límites de la educaciónpone el dedo en la llaga cuando manifiesta que en España unos millones de adolescentes entre 13 y 18 años están siendo educados por otros adolescentes de entre 30 y 40 años. Es claro que en la actualidad muchos padres atestan a sus vástagos saturándoles con tecnología punta y con primeras marcas, imponiéndoles como metas la crítica abyecta, la murmuración, la violencia, el resentimiento, la traición y toda suerte de mentiras con tal de tener un puesto destacado en la efímera sociedad en la que gravitan.
 
Aristóteles decía que no nos interesa saber en qué consiste la salud, sino estar sanos. Por ello si los valores no se convierten en virtudes, vender valores es vender humo. Porque lo que es indiscutible es que el mundo avanza a remolque de la gente que persevera en su empeño, y no en quienes se inhiben a base de estupefacientes o con el destructivo alcohol. El lema del permisivismo del antiguo mundo greco-latino de otrora, pagano y eminentemente racionalista, era el “non iubeantur dura nec prohibeautur impura, es decir, no se manden cosas duras ni se prohíban las impuras. Vino precedido por un reblandecimiento de las virtudes ciudadanas más incómodas. Es evidente que las civilizaciones nacen, llegan a plenitud y finalmente mueren, sobre todo cuando el principal anhelo es el individuo y la búsqueda del bienestar absoluto y placentero. En estos términos, quizá la clase política y la normativa atinente no hayan acertado a orientar a los súbditos por la senda de la dignidad, y quizá también lo que han provocado es la subversión de los valores y el oscurantismo generalizado del deber.
 
Como consecuencia de este declive humano, se está generando una confusa ideología de la libertad que conduce a un dogmatismo que se revela cada vez más hostil precisamente contra esa misma libertad. La nueva idolatría al materialismo, al hedonismo, a la superstición, al ateísmo y a un positivismo exacerbado, sitúan al ser humano en la adoración de sí mismo, contribuyendo a un rebajamiento de su integridad, lo que hace que las personas seamos para esta clase de iluminados un simple número innominado entre una muchedumbre despersonalizada. Marcelino Menéndez y Pelayo, en el “brindis del Retiro”, ya pronunciaba atisbos de profecía política: “España, evangelizadora de la mitad del Orbe; España, martillo de herejes; luz de Trento; espada de Roma...; esa es nuestra grandeza y nuestra unidad, no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los Arévacos y de los Vacceos y de los reyes de Taifas”. Y no le faltaba razón.
 
Si realmente queremos tener una juventud sana, con una mirada limpia, que hunda sus raíces en el respeto al prójimo, donde vaya más lejos de la pura filantropía y la solidaridad, es decir, que camine acotada entre la consideración comprometida con sus iguales y la heroicidad de sobrellevar las cargas pesadas de quienes caminan a nuestro lado, debemos estar celosamente implicados en provocar este éxito. De esta manera puede que entonces la práctica de beber alcohol y consumir drogas deje de seducir el hastío al que la juventud se somete por tenerlo todo a edad temprana y carecer de lo más esencial. No dejemos que las opiniones de los nuevos “sabios”, de los expertos en argucias  y en la manipulación, sean acogidas con reverente sumisión como si esos sabios poseyeran las llaves de un infalible saber.
 
Cuando a los hijos se les educa en un seno familiar estructurado, definido y autentico, lo que quizá la progresía trasnochada denomina tradicional, procurando por una instrucción integral plena de valores éticos, morales y espirituales, será muy difícil que los jóvenes zozobren en las turbulentas humedades del alcohol y en los nocivos compuestos de la droga. Por todo ello, no olvidemos que la realización de la justicia social es también un servicio a la verdadera libertad y, como no, al desarrollo de actuaciones eminentemente civilizadas que urden el tejido idiosincrásico de un pueblo.

martes, abril 16, 2013

ADOLESCENTE Y SU IDENTIDAD

Esta búsqueda comienza con lo que se denomina la crisis primaria, una crisis en la cual los jóvenes luchan por encontrar la combinación apropiada entre autoafirmación y solidaridad grupal. Este es el momento del descubrimiento de sí mismo.
Sobre todo en los primeros años, los adolescentes suelen tener varias identidades. Muchos experimentan, desarrollando múltiples “yo”, probando diversos roles y personalidades.
El logro de la identidad es el objetivo final, que se alcanza cuando los adolescentes reconsideran todos los objetivos y los valores establecidos por sus padres y por la cultura, aceptando algunos y rechazando otros.

1. En la actualidad, los investigadores consideran que hay cuatro caminos hacia la identidad:
Difusión: Es lo opuesto al logro de la identidad. Los jóvenes que muestran difusión tienen dificultades para cumplir con las demandas habituales de la adolescencia, como completar las tareas escolares, encontrar un trabajo, hacer nuevos amigos y pensar en el futuro. La difusión no es tanto un tipo de identidad como la carencia de ella, la ausencia de autodefinición o compromiso. Un ejemplo de difusión puede ser un adolescente al que las críticas de los padres o los plazos vencidos de un trabajo parecen resultarle indiferentes.
Identidad Prematura: Ocurre cuando los jóvenes acortan su búsqueda sin cuestionarse sus valores tradicionales o adoptando una identidad preformada. Estos jóvenes podrían aceptar los roles y las costumbres de sus padres o de su cultura en lugar de explorar alternativas y forjar su propia identidad. Un ejemplo podría ser un varón adolescente que siempre ha tenido previsto seguir los pasos de su padre. Si el padre fuese médico, el hijo estudiaría medicina.
Identidad negativa: Algunos adolescentes deciden que los roles que los adultos les ofrecen son inalcanzables o no les resultan atractivos, aunque no pueden encontrar alternativas que sean verdaderamente propias. La reacción puede ser una identidad negativa, es decir, contraria a lo que se espera de ellos. El factor fundamental en la identidad negativa no es la identidad en si misma sino el desafío rebelde que subyace a ella. Por ejemplo el hijo de un maestro se niega a ir a la universidad.
Moratoria de la identidad: Por último, en el proceso de búsqueda de una identidad madura, muchos jóvenes declaran una moratoria de identidad, una especie de receso. Es una pausa en la formación de la identidad. Se exploran alternativas pero se pospone la identidad definitiva. No es necesariamente dañina. Un ejemplo podría ser una academia militar o una misión religiosa o viaje.

lunes, marzo 11, 2013

BEBER A LOS 13

Esta campaña está dirigida a padres y destaca la importancia de su implicación en la educación y formación de sus hijos para ayudarles a que tomen decisiones responsables frente al consumo de alcohol. La iniciativa está promovida por Cerveceros de España y se basa en la edición y difusión de una guía informativa donde se dan pautas eficaces y reales sobre cómo educar a los hijos en una edad conflictiva como es la preadolescencia.
Esta guía se distribuye junto a otro materiales didácticos en centros de enseñanza con la colaboración de las asociaciones de padres de alumnos más representativas de nuestro país: la Confederación Nacional Católica de Padres de Familia y Padres de Alumnos- CONCAPA y la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos-CEAPA.

La percepción de los padres frente al consumo de alcohol de sus hijos
Los padres manifiestan que el consumo de alcohol está entre los problemas más importantes que hoy aquejan a los adolescentes y, sin embargo, tan sólo un 52% habla con ellos sobre este tema. El dato indica que el consumo entre adolescentes alcanza a un 73,3% entre los chicos y un 73,8% entre las chicas. Además, según las mismas fuentes, los padres y madres tienen una baja conciencia de responsabilidad en lo referente al consumo de alcohol en la calle, ya que para mitigarlo proponen actuaciones que dependen de la administración, como programas y centros de ocio.
Estos datos coinciden con la apreciación de expertos, que señalan que en la familia actual los padres tienden a evitar conflictos sin fomentar la comunicación con los hijos y que, en general, se acepta el consumo de alcohol entre los menores al tratarse de un comportamiento de grupo, con la esperanza de que ya se “normalizará” en el futuro.
Los datos del Plan Nacional sobre Drogas apuntan a un incremento del consumo de alcohol por parte de los menores, especialmente de bebidas de alta graduación. Según la Encuesta Estatal Sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES, 2010) alrededor del 63% de los adolescentes de entre 14 y 18 años ha afirmado haber tomado bebidas alcohólicas en el último mes. Esta institución constata que la edad media de inicio de consumo se sitúa a los 13,7 años.

martes, febrero 26, 2013

EL TELÉFONO MOVIL, CELULAR, Y NUESTROS HIJOS

“Debemos asegurarnos que el móvil es útil realmente sólo para emergencias, porque el resto de las ocasiones sabemos dónde y con quién están”, explica el experto.
Las recientes tragedias ocurridas en el Madrid Arena el pasado 31 de octubre y en la discoteca Kiss, de la ciudad de Santa María, en Brasil, el 26 de enero de este año, han encendido las alarmas y en muchos casos ha servido para despertar la atención de los padres sobre qué hacen, dónde van y cómo pasan las horas de ocio sus hijos
Según Calderón, doctor en psicología y orientador familiar, “los estudios sobre la prevención de conductas de riesgo en los jóvenes apuntan a la comunicación entre padres e hijos como uno de los factores de éxito más importantes”. Por comunicación, el experto no se refiere sólo a “que oigan nuestras preocupaciones acerca de los peligros de la noche y que les llenemos de prevenciones y consejos”.
“Lo vital es abrir un auténtico diálogo donde lleguemos a conocer qué piensan, cómo enfocan aquellos aspectos de su vida que a nosotros nos generan preocupación, y que comprendan que nuestra conversación parte de un genuino interés por ellos”, detalla el educador.
Miembro del Instituto de Neuropsicología y Psicopedagogía Aplicadas, Ignacio Calderón recuerda que “el ocio es un derecho adquirido por la sociedad post-industrial y hoy nadie cuestiona su importancia. Hasta tal punto es así, que está recogido en la Declaración Internacional de los Derechos Humanos (nº 24) y protegido por nuestra Constitución (art. 123, IV). “Las dramáticas situaciones acontecidas no van a cuestionar su estatus”, afirma Calderón.
En el inconsciente colectivo existe una asociación entre ocio juvenil, particularmente el ocio nocturno, y las situaciones y conductas de riesgo. Según el experto, “estadísticamente hablando existe una relación muy baja entre ocio nocturno y situaciones graves”. “Nuestra atención debe partir de la serenidad, de la objetividad y de la sana preocupación por la vida de nuestros hijos, no sólo en situaciones potencialmente peligrosas”, aconseja el orientador familiar.
Es fundamental que no haya una fractura entre su vida familiar y el resto de sus actividades, académicas, laborales o de amistad. “Nuestracasa debe estar abierta a sus amigos, deben sentir que quienes son en familia, es quien pueden y deben ser cuando cruzan el umbral de nuestra puerta”, afirma el psicólogo.
Por ello es muy importante facilitarles ir y venir de allí donde van a salir.“Hacer de chófer puede realmente sacrificado, pero es uno de los mejores modos de conocer dónde y con quién salen”, señala Calderón. “En los trayectos, lo mejor es la música bajita y los oídos abiertos ya que atender a sus conversaciones es tener vía directa a qué les interesa y cómo perciben la vida los jóvenes”, aconseja.

martes, diciembre 21, 2010

JOVENES Y ALCOHOL

La aceptación social de determinadas drogodependencias no guarda relación con el impacto que genera en la persona. Es el caso del alcohol. Un estudio que ha publicado recientemente la prestigiosa revista médica The Lancet, lo sitúa como la droga más nociva, incluso por delante de la heroína.

La conclusión del estudio, que a primera vista puede parecer desmesurada, se justifica en el hecho de que los investigadores no han tenido en cuenta solamente el daño físico que causa una drogodependencia en cuestión en el cuerpo del que la consume, sino en la incidencia que tiene en su entorno más cercano y en la sociedad.
Nueve de los criterios que utilizaron los expertos a la hora de evaluar cada droga tienen que ver con el daño que causa en el individuo consumidor, por ejemplo, la mortalidad directa, la mortalidad derivada del consumo, la dependencia, la discapacidad mental, etcétera. Sin embargo, también se valoraron siete indicadores que hacen referencia al mal causado a terceros, por ejemplo, el porcentaje de criminalidad que provoca el consumo de una determinada droga, el conflicto familiar que se deriva, el coste económico, el deterioro de la cohesión comunitaria, etcétera.
Con puntuaciones que derivaban del 0 al 100, el alcohol encabezó la lista con 72 puntos, la heroína le seguía con 55 puntos, luego el crack con 54. La cocaína obtuvo 24 puntos; el tabaco, 26; y elcannabis, 20. Es cierto que el estudio reconoce que el crack y la heroína provocan mayores daños al individuo, pero advierten que los daños de las drogas van más allá que los que provocan en las personas que las consumen.
Los jóvenes, víctimas del alcohol
La población de mayor riesgo de drogodependencia con el alcohol es la gente joven. Este segmento de la sociedad es el que se introduce en el mundo de la droga a través del tabaco y, asimismo, relaciona fiesta con alcohol.
El 87% de los jóvenes que sale el fin de semana consume alcohol y el 45% dice tener el permiso de sus padres para hacerlo. Aunque existe una prohibición de vender bebidas alcohólicas a menores de 18 años, estos afirman en un 94% obtenerlo sin dificultad, de hecho al 70% nunca le han pedido el carnet de identidad para consumir o comprar alcohol, según explica la Fundación Alcohol y Sociedad (FAS).
Por ello, y por el estatus de legalidad del alcohol, diferentes expertos afirman que el esfuerzo con los jóvenes debe centrarse en educarles en su consumo moderado y de esa forma generar una “pedagogía del beber”, según señala FAS.
El alcohol, a diferencia de otras drogas, tiene un proceso de dependencia lento que pide menores demandas que, por ejemplo, el tabaco. El alcohol no supone un problema para personas que pueden estar consumiéndolo en dosis moderadas toda la vida. Incluso hay estudios que demuestran virtudes positivas para la salud de algunas bebidas alcohólicas ligadas a un uso responsable como puede ser el caso del vino o la cerveza.
El cannabis: una droga no tan blanda
Una droga muy popularizada entre los jóvenes es el cannabis. De hecho, esta droga adquiere cada día más adeptos y existe una corriente de pensamiento en la sociedad bastante generalizada, que vería con buenos ojos la legalización de esta sustancia.
No obstante, la percepción de que se trata una droga relativamente nociva es del todo equivocada. Existen numerosos riesgos que acompañan al consumo de cannabis, el más conocido: deterioro de la capacidad de concentración, de la memoria y de la motivación, lo cual, en un estado de edad poco avanzado, puede repercutir perjudicialmente en el rendimiento escolar.
El estudio de The Lancet colocaba al cannabis como la octava sustancia más peligrosa situándola por delante de drogas como el éxtasis, el éxtasis líquido o la ketamina. Al parecer, esta octava posición está justificada en el hecho de que protagoniza unos severos efectos sobre las funciones cognitivas.
El subdirector general de drogodependencias del Departement de Salut de la Generalitat de Cataluña, cuestionado por el diario La Vanguardia sobre el cannabis respondió: “Con la marihuana, incluso un consumo ocasional puede desencadenar un brote psicótico en una persona predispuesta. Y no hay manera de saber a priori quién está predispuesto y quién no”.