Pretendo que sea un lugar donde colocar y comentar noticias positivas sobre matrimonio, educación, y familia en general.
domingo, marzo 22, 2009
ABUELOS
Hace poco una abuela me escribía este correo electrónico: "Trabajo media jornada, cuando termino voy a casa de mi hija y cuido de los nietos que tienen cuatro, siete y nueve años hasta las nueve de la noche, cuando llegan mi yerno o mi hija para sustituirme. He de decirte con toda franqueza que me dolería mucho no ayudarles, creo que me sentiría decepcionada, cuando estoy con los pequeños me olvido de todos los males, ya que cuando llego a casa siempre me encuentro con un marido reclamándome la cena y habitualmente de mal humor".
Otra abuela me comentaba: "Con mi marido nos aburrimos. He optado por no hablar nada ni demostrar mis sentimientos. Cuando comento algo parece que hable con una pared. En cambio si los hijos y los nietos están con nosotros, aunque no quitan la mesa, dejan los juguetes o los vídeos desordenados y todo hecho una leonera, prefiero este jaleo que quedarme con mi marido a solas".
Estas situaciones son fáciles de arreglar con buena voluntad. Seamos optimistas: ¡abuelos, todavía no se ha perdido todo, podemos coger un abanico e ir soplando fuerte, alguna brasa se reavivará y cuando la llama queme se irá ampliando y surgirá el fuego! Puede ser un proceso lento o rápido, depende de muchos factores. Cada uno que busque soluciones, pero se han de encontrar…
A todos nos gustaría poseer una varita mágica como el hada de La Cenicienta, pero no somos ni hadas ni magos. Ahora bien, pensando en estos problemas de soledad o de incomunicación en el matrimonio como los de las dos abuelas que nos han hecho su confidencia, nos preguntamos: ¿puede estar el abuelo deprimido y por eso no existe diálogo?, ¿podría pensar que su mujer le ha abandonado desde que han llegado al mundo los nietos?, ¿tal vez se ha jubilado recientemente y le cuesta adaptarse al cambio?, ¿hemos de acompañarlo al médico?
Respondamos, sinceramente, abuelas: ¿cuánto tiempo hace que no salimos juntos al cine?, ¿cuál ha sido la última vez que nos hemos mirado al espejo tratando de resultar más atractivas físicamente para estar por casa?, ¿cuánto tiempo hace que no hemos ido a cenar a aquel restaurante donde nos encontrábamos tan bien los dos, de excursión o de viaje, por querer estar todo el día pendiente de los nietos?
El amor de la pareja jubilada ya viene reforzado por todo lo que se ha vivido y trabajado el amor con los años. Si uno no queda arrinconado, puede ser el tiempo de la contemplación, de actividades conjuntas, de más comprensión mutua, de emprender objetivos de compromiso social tan necesarios hoy. Aprovechemos la edad de oro para hacer labores de servicio y solidaridad para con los demás.
No puedo dejar de recordar que es necesario estar disponible para los hijos y para los nietos, pero jamás debemos estar en medio y que la primera ilusión debe estar centrada en seguir con el amor sincero que un dia, lejano ya, unió unas vidas para toda la vida.
No podemos olvidar, abuelos, vivir las costumbres que teníamos para proteger nuestro amor y ponerlo al día como cuando éramos más jóvenes.
viernes, marzo 20, 2009
FAMILIA Y SIDA
| Maria Ozores | |
Los valores tradicionales de la familia son el arma más eficaz contra el Sida
Uganda es el mejor ejemplo, al pasar en 17 años del 14% de portadores de Sida al 5%; España a pesar de las campañas mantiene el porcentaje de afectados
Los valores tradicionales de la familia constituyen el arma más eficaz para controlar el incremento de infectados por el virus del Sida. La enfermedad ha descendido en aquellos países que han desarrollado políticas de apoyo a los valores tradicionales de la familia o que tradicionalmente se han caracterizado por un concepto de familia más estable y ajustado al orden tradicional. Sin embargo el porcentaje ha subido o se ha mantenido en aquellos que han basado el control del Sida en el uso del preservativo.
Descenso espectacular en Uganda
jueves, marzo 06, 2008
LA DEFENSA DE LA FAMILIA Y SUS VALORES
Rafael Navarro Valls afirma que “ningún estado europeo o americano ha aprobado un conjunto de leyes similares a las españolas, que hayan alterado tanto la ecología familiar”
El catedrático de Derecho Eclesiástico y secretario general de la Real Academia de la Jurisprudencia y la Legislación, Rafael Navarro Valls, ha analizado para Análisis Digital el estado actual de España y ha comentado que algunas leyes aprobadas durante esta legislatura ya están erosionando el tejido social y sus efectos se notarán a corto y medio plazo
¿Qué significa ser de izquierdas? ¿Y qué significa ser de derechas en el Siglo XXI?
Existe una especie de sincretismo político en el que la izquierda, a secas, tiende a desplazarse topológicamente hacia el centro. Este desplazamiento (hoy se habla más de centro-izquierda que de izquierda) viene producido probablemente porque durante décadas el socialismo real (comunismo) fue la “quintaesencia de los sueños de la izquierda”. El despertar de la utopía con la caída del muro y el hundimiento del socialismo real en los países del Este fue traumático. Como se ha dicho: “en 1989 la izquierda descubrió que el sueño producía la penuria de las libertadas y, accesoriamente, el de los bienes“.
Si en la izquierda se observa un cierto pudor terminológico, en la derecha hay un auténtico pánico a ser calificado con tan desnudo adjetivo. No olvida que en sus aledaños surgió el dragón fascista, lo cual la izquierda lo aprovecha disparando y calificando de fascista todo lo que se mueva a su derecha. De ahí la tendencia de la derecha –paralela a la de la izquierda- de calificarse de “centro-derecha”. Sin embargo, han surgido políticos sin complejos (Reagan,Tatcher etc) para quienes los de “derechas” “son aquellos capaces de hacer lo que los de izquierda se limitan a seguir debatiendo”. Para otros, el dilema consistiría en elegir entre “una izquierda que ofrece justicia con tumulto y una derecha que ofrece orden con desigualdad”. Yo opino que hay dos derechas y dos izquierdas. La izquierda y derecha moderadas consideran la historia como una continuidad en la que el género humano progresa poco a poco desde lo francamente intolerable a lo simplemente aceptable. La derecha e izquierda utópicas consideran la Historia como una alternativa de catástrofe y salvación , en la que la revolución llevaría a la humanidad a un nuevo cielo y a una nueva tierra. En una palabra: el centro de la derecha y de la izquierda creerían en perfeccionamientos progresivos; sus alas extremas en soluciones totales y utópicas. Desde mi punto de vista hoy es absolutamente necesaria la colaboración entre las exigencias de equidad que oculta el ideal igualitario y los imperativos de dignidad que oculta el esfuerzo por la libertad. Ambos son valores que hay que llevar al juego político.
¿Por qué la derecha conservadora es tan timorata a la hora de plantear al electorado la necesidad de respetar ciertos principios morales?
Probablemente porque la presión del laicismo radical le hace olvidar que el ideal sobre el que bascula hoy la democracia, esto es, la igual dignidad y responsabilidad de personas con talento, clase o fortuna desiguales, es un ideal de origen cristiano, posteriormente secularizado. Olvida –por ignorancia histórica- que la historia real del laicismo -por ejemplo en Francia- está lleno de ejemplos de atentados contra la libertad, de líderes religiosos arrestados, de propiedades de esos grupos incautadas por el Estado. No deja de tener razón Michael Burleigh cuando, después de estudiar rigurosamente el fenómeno, concluye que: “Dado que en la historia del laicismo europeo hay periodos oscuros, incluido un genocidio cometido en nombre de la Razón, quizá las personas religiosas deberían mostrarse menos a la defensiva de lo que suelen frente a los ataques de algunos laicistas radicales”. En una palabra, existen muchas personas llenas de buena intención que se amilanan ante las arremetidas de lo “políticamente correcto” que desemboca en lo que viene llamándose el “antimercantilismo moral”. Una especie de temor a entrar en el juego de la libre concurrencia de las ideas y los valores morales. Miedo que esconde cierta desesperanza con respecto a la fuerza atractiva de los valores, de lo que cada uno tiene por bueno. Al convertirse en premisa social - o , mejor, del aparato ideológico que la manipula- la idea de que sólo es presentable en la sociedad una moral light, dispuesta a transigir en sus creencias, las personas que mantienen convicciones morales profundamente arraigadas inmediatamente son marcadas con la sospecha de la intolerancia, es decir, con el estigma de un latente peligro social. Sospecha que les lleva con demasiada frecuencia a esa posición, que Tocqueville llamaba la “enfermedad del absentismo”, por la que el hombre se repliega sobre sí mismo encerrándose en su torre de marfil, ajeno e indiferente a las ambiciones, incertidumbres y perplejidades de sus contemporáneos, mientras la gran sociedad sigue su curso. Una posición, en suma, que significa complejo de inferioridad fruto de una lamentable ignorancia.
Hablando de moral, ¿cómo valora usted las leyes sociales aprobadas durante esta legislatura?
En el mundo occidental hoy España representa un país anómalo. Ningún estado europeo o americano ha aprobado un conjunto de leyes similares a las españolas, que hayan alterado tanto la ecología familiar. Pensemos en la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo. Con esa anomalía jurídica España se alinea con esos tres o cuatro países –de un total de 182 representados en la ONU- que han planteado, entre otras cosas, un verdadero problema de derecho internacional privado. Al tiempo, la llamada ley de divorcio “al vapor” es otra anomalía en el panorama mundial que permite a los tres meses de matrimonio romper la unión sin alegación de causa. Con esta ley, el matrimonio se convierte en el único contrato del Derecho español que puede ser disuelto sin causa que lo justifique. El problema de esta reforma es que no altera solamente lo que podríamos llamar “la salida del matrimonio”, también modifica la perspectiva de su “ingreso”. Quiero decir, que cuando alguien se casa sabiendo que el plus de fidelidad y permanencia de su unión es bajo, invierte poco en ella, la trivializa. A estas leyes se suman las de identidad sexual, que permite el cambio de sexo sin operación quirúrgica o la de investigación biomédica con permisión de clonación terapéutica, práctica contraria a la recomendaciones de la ONU, por citar algunas otras. Este conjunto de leyes están ya erosionando el tejido social. Sus efectos se notarán a plazo medio e incluso corto.
¿Por qué la izquierda en general no resiste una crítica ética que proceda de la Iglesia o de los ambientes católicos?
Depende de la izquierda a la que se refiera. Por ejemplo, cuando Clinton se instaló en la Casa Blanca, uno de los temas que le abrumaban era el maltrato que la familia americana había recibido de la politica. Decía: “Creo firmemente en la separación entre la Iglesia y Estado, pero también creo que ambos hacen valiosas contribuciones a la fortaleza de nuestra nación, y que en ocasiones pueden cooperar para el bien común, sin violar la Constitución”. Esto explica por qué tanto la derecha como la izquierda americana ha escuchado respetuosamente la declaración conjunta que han hecho los obispos norteamericanos al iniciarse la campaña electoral en marcha hacia la Casa Blanca . Por contraste, en España, el gobierno no ha encajado bien las críticas hechas desde planteamientos éticos por los obispos. Es otra anomalía en Occidente. Hace unos años, Desmond Tutu mostraba su oposición a una serie de medidas no estrictamente razonables del Gobierno de turno. Su argumentación giraba sobre textos bíblicos. Nadie se extrañó –salvo los que se sintieron aludidos– de que un clérigo hiciera pacíficamente referencia pública al respeto a los derechos humanos. De hecho, poco después recibía el Premio Nobel, y hoy es una de las personalidades llamadas por el Gobierno español para colaborar con la la Alianza de Civilizaciones. Años antes un pastor baptista, Martin Lutero King, hacía una apasionada defensa de los derechos humanos, extrayendo sus ideas “de mi formación cristiana”. Una muchedumbre cercana al millón de personas escuchó en Washington su pacífica “homilía” (“¡He tenido un sueño!”), basada en la convicción de que todos somos hijos de Dios. Salvo los que se sintieron concernidos, la comunidad americana y la internacional le escuchó respetuosamente, concediéndole también el Premio Nobel. Cuando Juan Pablo II se opuso al conflicto iraquí, sus razonamientos, desde los derechos humanos y la fe cristiana, fueron atentamente ponderados, aunque con la natural reserva, por aquellos que enviaron las tropas. Podría traer a colación otros ejemplos de personalidades eclesiásticas que han defendido postulados que contradecían valores y reglas de convivencia emanadas de leyes positivas que se habían dado determinados Gobiernos y sociedades. El tiempo demostró que la legitimidad sustancial, muchas veces, estaba con ellos, frente a la simple legitimidad formal parlamentaria. Y es que también los Estados tienen esqueletos en el armario, en materia de derechos humanos. En realidad, la reivindicación de una verdad “trascendente” con la cual se critica el dato de hecho que supone la existencia de ciertas reglas jurídicas injustas, no está en modo alguno en contradicción con el reconocimiento de la legitimidad o la autonomía del proceso democrático, significa tan sólo que el poder (aun apoyado en la mayoría) y el Derecho no quedan automáticamente equiparados.
domingo, febrero 24, 2008
50 AÑOS MATRIMONIO
Liliana Esmenjaud |
| Mi querida Celia: Hoy cumplimos 50 años de casados. ¿Cómo manifestarte lo que siento en estos momentos? No tengo palabras, y tú no puedes escucharlas, pero de todas formas intentaré expresarme. Antes que todo quiero agradecerte los momentos felices que hemos pasado juntos. ¡Son tantos que no sabría por dónde comenzar!… la llegada de cada uno de los hijos… sus primeros triunfos (al aprender a caminar, a hablar, a escribir…)… los viajes… tantos recuerdos se vienen a la mente… tú siempre presente, tú siempre sonriente, haciéndonos la vida más agradable a todos. Que si uno se cayó, tú tenías la solución; que si me corrieron del trabajo, tu sonrisa comprensiva me animaba; que si faltaba dinero, tú eras la primera en ahorrar; que si nos iba bien, tuya era la iniciativa para festejar… ¡qué feliz me has hecho en estos años! Ciertamente hubo momentos difíciles, en los que tu prudencia salió a flote. Cuando en el trabajo las cosas iban mal, yo prefería callar, y tú no violentabas mi silencio. Tu compañía silenciosa y respetuosa eran mi seguridad y mi sosiego. No sé cómo te las arreglabas, pero siempre estabas presente, a mi lado. ¡Cuántos proyectos míos hiciste tuyos! Realmente no recuerdo uno solo en el que no te hubieras involucrado. En ocasiones no te sabía explicar lo que me pasaba, tú intuías y me acompañabas. Gracias, y mil veces gracias, Celia querida, por tu amor, y por haberme enseñado a amar. De ti aprendí que el amor se paga con amor y que a toda una vida de amor, sólo puedo corresponder con un poco de amor. Poca gente entiende esto. Muchos me admiran y otros más me compadecen por los cuidados que te doy ahora que estás enferma. Es cierto que tu Alzheimer ha sido uno de los golpes más duros para mí, pero no considero estar haciendo nada por ti que tú no hayas hecho antes por mí: acompañarte en tu camino aunque no comprenda el porqué de este destino. Ciertamente extraño tu buen humor, tu simpatía, tus consejos… pero tu simple presencia me sigue animando. Tú sigues aquí a mi lado acompañándome y dando un sentido a mis días. Dicen que no puedes oírme… de eso no estoy tan seguro. El que no te puedas comunicar no significa que estés del todo ausente. Por lo pronto procuro contarte todos los días mis cosas. Acaso ¿tú no lo hiciste antes conmigo, aún cuando yo no sabía qué decirte o parecía no escucharte por mis múltiples preocupaciones? Que se acabó la diversión, que ya no te puedo invitar a cenar… pero ¿es que tú no renunciaste tantas veces a salir cuando yo estaba cansado? Que si ya no me hablas… tu silencio involuntario me dice más que mil palabras. Tu testimonio me enseña a diario algo nuevo. ¿Cómo quejarme por mis pequeños achaques, cuando te veo sufriendo pacientemente aquí a mi lado? Tu presencia me ayuda a no pensar en mis cosas, en mis problemas, sino al contrario, me motiva a buscar de alguna manera demostrarte mi amor, como tú lo hacías mientras pudiste. En estos últimos años me has enseñado a amarte más puramente, sin buscarme a mí mismo. Ahora sí te puedo decir que si te amo, te amo a ti y por ti misma, por lo que eres, y no por lo que haces por mí. Me has enseñado a valorarte más, y me estás dando la oportunidad de regresarte un poco el amor que tú me diste. Estoy seguro que sí lo recibes, que mi intento no es inútil. Celia querida, aunque la gente no nos comprenda, hoy que cumplimos cincuenta años de casados, quiero repetirte otra vez, como aquel primer día, pero de una manera más consciente:
Tu esposo que te quiere y no deja de admirarte, José |
miércoles, febrero 20, 2008
EDUCAR EN EL ESFUERZO
Los tres grandes obstáculos para una cultura del esfuerzo, según Francesc Torralba
miércoles, 20 de febrero de 2008
Víctor Ruiz
Forum Libertas
Educar en valores no es tarea fácil dados los tiempos que corren. Transmitir a nuestros hijos, por ejemplo, la idea de que el esfuerzo es necesario para su formación integral, para construir su personalidad, se estrella en demasiadas ocasiones con el modelo de sociedad que proyectan los medios de comunicación -especialmente la televisión- y fomentan incluso las administraciones.
Se trata de un modelo basado en no renunciar a nada, vivir sin complicarse la vida y esquivar el esfuerzo, que es la mejor forma de medir la felicidad en términos de placer inmediato, aunque lleve aparejados la pereza, el egoísmo y, a la larga, el fracaso.
¿Cómo ejercer entonces una pedagogía del esfuerzo cuando los valores fundamentales para la formación de nuestros hijos son devaluados por aquéllos que deberían promoverlos? La respuesta no es fácil y requiere de buenas dosis de voluntad y paciencia.
Por otra parte, cuando los pequeños se esfuerzan en realizar una actividad concreta y fracasan en el intento, con demasiada frecuencia los padres tendemos a solucionar el problema al que se enfrentan, en lugar de animarles a que sigan intentándolo.
Aprender sin esfuerzo, una quimera
Sin embargo, el esfuerzo es un elemento básico en el proceso de educación de los jóvenes. Aprender sin esfuerzo es, sencillamente, una quimera. ¿Cómo abordará el niño con éxito su próximo desafío sin haber superado por él mismo el anterior? Sólo con esfuerzo y una cierta renuncia a los ‘cantos de sirena’ se puede lograr un objetivo medianamente serio en la vida.
Todo esto lo sabe bien Francesc Torralba i Roselló, profesor catedrático de Filosofía de la Universidad Ramon Llull y miembro colaborador del Instituto Borja de Bioética, quien, además de sus actividades académicas, ofrece conferencias en centros escolares sobre la importancia de la cultura del esfuerzo.
El pasado 24 de enero, en la Escola Grèvol, centro escolar concertado del Front Marítim (Poblenou, Barcelona), Torralba subrayó en una de esas conferencias que “los frutos que se derivan de una pedagogía del esfuerzo son frutos profundos”.
Sin embargo, advirtió el profesor de Filosofía y padre de familia numerosa, para educar a los hijos en una cultura del esfuerzo, lo que él denomina como un “impulso continuado a lo largo del tiempo”, se han de superar tres grandes obstáculos.
Cabe recordar aquí que la Escola Grèvol es pionera en Europa en impartir la asignatura ‘Emprendedores’, a través de la cual los alumnos, mediante esfuerzo y buenas dosis de imaginación, realizan un viaje iniciático al para ellos aún complejo lenguaje de la economía, los negocios, la política y la expresión en público en inglés. Se organizan en grupos, con lo que se potencia el trabajo en equipo y pueden ver plasmados en proyectos que llevan a la práctica el resultado de sus esfuerzos.
“Ya te lo haré yo”
El primero de esos obstáculos, considera Torralba, “es el paternalismo, el ‘ya te lo haré yo’ que los padres solemos exclamar cuando nos domina la impaciencia por resolver una situación que es el hijo quien ha de resolver [...]. Antes que pasar por ver cómo nuestro hijo se hace un lío para cocinar una simple tortilla preferimos hacérsela nosotros”.
Ese paternalismo entra en una evidente contradicción: “queremos que se esfuercen, pero les resolvemos los problemas. Vemos que se esfuerzan y no consiguen su objetivo, así que se lo hacemos nosotros”, añade.
Torralba, autor de libros como El arte de saber escuchar; ¿Otro mundo es posible? Educar después del 11 de septiembre; o Padres e hijos, la aventura de encontrarse hoy, asegura que, mientras tanto, el adolescente es consciente de que “alguien me lo hace siempre”.
“La cara luminosa, no el Gólgota”
El segundo obstáculo, dice Torralba, son los modelos que niños y adolescentes ven proyectados en la tele, o sea, “jóvenes que lo consiguen todo, mientras sus padres son, en muchas ocasiones, unas personas más o menos grises que se matan para pagar una hipoteca”.
“Ven el modelo, como un Fernando Alonso, pero no ven todo el esfuerzo que cuesta llegar a ello. Y es que, culturalmente, los medios muestran la cara luminosa, pero no el ‘Gólgota’, el tremendo esfuerzo que hay detrás de ese triunfo”, advierte el catedrático.
Un mito ingenuo
Para este experto en educación, el tercer obstáculo se encuentra en el mito según el cual “todo el mundo puede hacerlo todo si se esfuerza”. Torralba considera que “ésta es una idea ingenua”.
“Tú, hijo, algunas cosas y con dificultad”. “Salvo excepciones, esa es la realidad cotidiana”, y no ese “falso mito de igualdad”, plantea el profesor de filosofía.
Sin embargo, no se trata de proyectar en nuestros hijos nuestras propias frustraciones, sino que Torralba cree que el mensaje para ese hijo debe incidir más en que “todo no, pero tienes tus propias capacidades y eso puede hacer que llegues a realizarte consiguiendo aquello para lo que estás capacitado”. Para ello, es necesario “observar atentamente cuáles son sus potencias y aconsejarles desarrollar aquello para lo que valen”.
“¿Cómo vencer estos tres obstáculos?”, se pregunta Torralba, quien sugiere algunas estrategias para hacerles frente.
“Es importante intentar inculcarle la motivación o ‘impulso’, porque si puede hacerlo sin esforzarse, mejor para él”; pero “no son buenas las amenazas del tipo: ‘si no lees...’; es una vía negativa. Al final, acaba por odiarse la lectura”, advierte.
Pedagogía de la contrariedad
Pero, entonces, “¿qué tipo de motivación podemos dar? Pues la vía más pragmática, o sea hacerle ver que ese esfuerzo tendrá sentido en su vida, en su formación. El esfuerzo es básico para poder desarrollarse”.
Otra buena estrategia es “mostrarle los beneficios del esfuerzo con ejemplos cercanos, que conozcan o que admiren, siempre insistiendo en que a esos triunfadores no les han regalado nada, que detrás de lo ‘luminoso’ hay siempre un gran esfuerzo”, insiste.
Y es muy importante practicar la “pedagogía de la contrariedad”. Que el niño o adolescente se encuentre con contrariedades que le estimulen a esforzarse.
“Confrontar las contrariedades en el proceso de aprendizaje le ayudará a salir adelante. Si no se esfuerza en solucionarlas nadie lo hará por él y esa es la realidad que hay fuera del ‘nido’. Si no encuentra obstáculos en el camino no aprenderá nunca a superarlos”, asegura el catedrático.
Torralba recurre al ejemplo de la bicicleta: “Cuando son pequeñitos, primero van en triciclo y luego pasan a la bicicleta con dos ruedas pequeñas de soporte. Pero, será necesario que los padres se dejen los riñones aguantando el sillín mientras corren detrás de la bici y que ellos se despellejen las rodillas de vez en cuando para que aprendan a ir a dos ruedas”.
Y recuerda asimismo la anécdota de aquella señora que se dirigió a una violinista con estas palabras: “Daría la vida por tocar como usted”. La violinista contestó diciendo: “¡Qué cree que he hecho yo!”.
Pero, “cuando hablamos de contrariedades, ¿a qué nos estamos refiriendo? Pues por ejemplo a algo tan simple como hacer los bocadillos. Si nunca se pone porque ‘lo hace mal’, si no empieza por lo relativamente simple, difícilmente podrá superar cuestiones u obstáculos más complejos”, aclara Torralba.
Al mismo tiempo, llegará a situaciones como la que ha fomentado el Ministerio de Educación al permitir que los alumnos de Bachillerato puedan pasar con cuatro materias suspendidas: “He pasado, soy universitario, se dirá más tarde, orgulloso de sí mismo. Pero, eso sí, no sabrá escribir correctamente”, constata el experto.
“Frutos profundos”
Por el contrario, “cuando detrás del ingreso en la universidad hay un esfuerzo, cuando se ha sudado tinta para superar todos los obstáculos que han conducido al alumno hasta ahí, los frutos que se derivan de esa pedagogía del esfuerzo son frutos profundos”, asegura Torralba.
Así, cada vez que ese joven se encuentre con alguna contrariedad, la asumirá e intentará de nuevo resolver el problema al que se enfrenta.
El resultado de la cultura del esfuerzo forja también la personalidad del adolescente y “le dota del valor de la prudencia, de manera que aprende también a decir ‘no’ ante situaciones ‘peligrosas’, como la ingesta de alcohol o drogas. Saber decir ‘no’ cuando es conveniente es algo mucho más fácil para un joven si se ha formado en una pedagogía del esfuerzo”.
Torralba nos recuerda también la hipercompetitividad que existe actualmente en todos los campos. “Es inmisericorde, no tiene entrañas”. “Acabar los estudios como ‘pardillos’ y enfrentarse a la ‘jungla’ que hay fuera no es cosa sencilla.[...] Sabiendo desarrollar la cultura del esfuerzo convenientemente esa prueba de fuego se supera con más facilidad”, afirma.
“Educar, cosa de padres”
Por otra parte, “el trabajo de educar es, esencialmente, un trabajo que corresponde al padre y a la madre. Actualmente, aún reconociendo la dificultad que conlleva conciliar la vida laboral y familiar, hay una cierta tendencia a la dejadez y a delegar muchas veces esa tarea a la escuela: ‘Pago, ahí os lo dejo’”.
No me cansaré nunca de recordarlo: “el primer responsable de la educación de los hijos son los propios padres”, insiste.
Torralba advierte al mismo tiempo de que no hay una relación directa entre el esfuerzo y los resultados, de manera que suele ocurrir que lo que funcionó bien en nuestro primer hijo no da el mismo resultado en el segundo.
Es tarea de los padres el “hacerles ver el enorme ‘capital’ que tienen dentro en potencia, a través de su recorrido vital”.
Los hijos tienen que asumir sus propias responsabilidades. Deben aprender a preguntarse ¿por qué fracaso reiteradamente en esto? No se puede recurrir siempre a echar la culpa a los demás. Es mejor hacerles ver que “el fracaso tiene un enorme valor pedagógico, que forma parte de la condición humana para aprender”, dice el experto.
Para concluir, Torralba asegura que “el resultado del esfuerzo da ‘felicidad’, que no es lo mismo que placer. Es difícil encontrar a alguien que, tras un enorme esfuerzo y sacrificio culminado con éxito, no haya experimentado esa felicidad. Y os animo a transmitirles eso a vuestros hijos”.
“Además, el estado subjetivo de felicidad que se deriva del esfuerzo da impulso para realizar un nuevo esfuerzo ante un nuevo reto” recalca.
miércoles, enero 16, 2008
PROGRESO Y FAMILIA
¿Qué entiende por progreso el pensamiento postmoderno? ¿Puede haber progreso en contra del matrimonio y de la familia? El filósofo alemán Robert Spaemann reflexiona sobre estos asuntos en este extracto del libro Humanidades para el siglo XXI (EUNSA)
Desde sus inicios, la civilización moderna ha estado acompañada por la sombra de la crítica de la modernidad, de la crítica de la ciencia y de la crítica de la civilización. Aunque estas dudas no han podido cambiar el curso de los acontecimientos, ciertamente han contribuido a la humanización del progreso. Con todo, sólo en las últimas décadas ha comenzado una reflexión seria acerca de la modernidad. Más seria porque, en primer lugar, no pone sistemáticamente en tela de juicio la modernidad, sino que es consciente de lo que todos le debemos. Esta reflexión posmoderna quiere incluso defender los logros de la modernidad contra su tendencia hacia la autosupresión. El pensamiento posmoderno está convencido de que los logros de la modernidad sólo se pueden salvar para el futuro si se arraigan en la naturaleza humana, y más profundamente de lo que quería y podía hacerlo la modernidad.
Hoy, el mito del progreso universal y necesario ha muerto. Se está tambaleando la fe en que este progreso sea el progreso por antonomasia, que eleve al hombre desde cualquier punto de vista, o incluso que sólo él lo convierta en verdadero hombre. Fue el movimiento ecológico el que, por primera vez, mentalizó a la gente de que muchos progresos tienen un precio y de que este precio es, a menudo, demasiado elevado. Igualmente crece la conciencia de que los medios de comunicación modernos, particularmente la televisión, se paga a menudo con una pérdida de madurez intelectual, de creatividad y de aquella forma sublime de formación en la que China, probablemente, haya alcanzado la cúspide entre todas las naciones. Esta conciencia no debe llevar a una actitud hostil hacia el progreso. Por lo menos, en Europa ya no empiezan a brillar los ojos cuando suena esta palabra.
El progreso ya no se experimenta como liberación, sino como destino. Lo que tenemos que abandonar es la idea de un progreso necesario universal, en singular. Sólo tiene sentido hablar de progreso cuando previamente indicamos en qué dirección se realiza y lo que cuesta. Precisamente por este motivo, sólo hay progresos en plural, progresos en la Medicina, progresos en la lucha contra la criminalidad, progresos en la técnica nuclear, progresos en el nivel educativo de una nación. Tenemos que preguntarnos si queremos o no este o aquel progreso; tenemos que preguntarnos cuál es en cada caso el precio de un determinado progreso, y si queremos pagarlo. Tenemos que preguntarnos con qué retroceso de índole material o espiritual pagamos este o aquel progreso. Después de la muerte del mito del progreso necesario en singular, recuperamos la libertad que había destruido aquel mito: la libertad de tomar decisiones concretas acerca de lo que queramos o no. Y esta libertad es una ganancia.
Porque la libertad es más que emancipación. Tener alternativas, pluralidad de opciones, es una condición de la libertad. Pero más importante que la pluralidad de opciones, más importante que la posibilidad de elección, es lo que nosotros elegimos al final. Más importante que un menú muy surtido es, a pesar de todo, la calidad de la comida. La posibilidad de divorcio forma parte de una sociedad libre, pero más importante que el divorcio son el matrimonio y la familia. Y, cuando los sociólogos miden el grado de libertad de una sociedad por el número de divorcios, están padeciendo una ofuscación ideológica. La tolerancia impune de la homosexualidad forma parte de una sociedad libre: la homosexualidad es un asunto particular. Pero allí donde esta relación particular se equipara con el matrimonio, evidentemente se pasa por alto el hecho de que el matrimonio y la familia son instituciones públicas. Lo son porque constituyen el espacio natural para la transmisión de la vida, para garantizar el futuro de la sociedad y el ejercicio de comportamientos sociales fundamentales.
La situación demográfica en Europa se acerca a una catástrofe. Un 40% de las mujeres con formación universitaria, en Alemania, ya no tiene hijos. Por el grave peso de esta evolución social, se empieza a poner en tela de juicio la concepción puramente emancipatoria de la libertad en casi todos los ámbitos políticos, porque tiene que haber algo equivocado en lo que amenaza la existencia misma de la sociedad.
Robert Spaemann
viernes, enero 04, 2008
FAMILIA TRADICIONAL?
Por JUAN MANUEL DE PRADA
SIEMPRE se me ha antojado entre redundante y rocambolesco que a la familia se la moteje de «tradicional». No me causaría mayor asombro si mañana entrara en un restaurante y, tras solicitar al camarero un guiso de conejo, éste me respondiese: «Perdone el señor, ¿se refiere a un conejo tradicional? Porque también podemos ofrecerle un conejo bípedo». «¿Y cómo han logrado obtener conejos bípedos? -preguntaría yo, sobresaltado ante la mención de tan portentosa quimera-. ¿Mediante manipulación genética?». «Oh, no señor -me respondería el camarero, con una sonrisita condescendiente-, son conejos criados del modo más natural: además de caminar sobre dos patas, tienen plumas en lugar de pelo y corona su cabeza una graciosa cresta». «Pero usted me está describiendo un pollo -le objetaría un tanto mosqueado al obsequioso camarero-. Y yo lo que deseo comer es conejo». «Creo que el señor no me ha entendido: existe un conejo tradicional, que hociquea y pega brinquitos; y existe un conejo bípedo, que se reproduce mediante huevos y come por el pico». «Que no, hombre, que no, que eso que usted llama conejo bípedo es un pollo de libro, un pollo de los de toda la vida, vamos», insistiría yo, entre divertido y exasperado. Ante lo cual, el camarero, herido en la víscera del orgullo y con ademán autoritario, me expulsaría del restaurante, murmurando: «Habráse visto, qué tío carca. ¡Pretender que los conejos tradicionales son los únicos que existen!».
Una impresión de desconcierto similar me golpea cuando oigo hablar de «familia tradicional», como una más de las posibles formas de familia. Uno puede entender que la gente se lo monte como le pete y pruebe las más imaginativas modalidades de combinación humana; uno puede entender incluso que, de resultas de algún trauma infantil o como consecuencia de una indigestión de pienso ideológico, llegue a aborrecer la familia. Pero que alguien que aborrece la familia desee usurpar su nombre ya requiere una explicación clínica. Yo, por ejemplo, aborrezco la gimnasia y me precio de no haber visitado en mi puñetera vida uno de esos quirófanos con olor a sobaco donde la gente mata su salud haciendo pesas y bicicleta ciclostática; pero cuando tengo que rellenar algún impreso oficial no se me ocurre poner en la casilla de la profesión «gimnasta de sofá». Tampoco pretendo concurrir en ninguna olimpiada, ni convencer a nadie de que mis confortables michelines, que tanto me abrigan en invierno, son en realidad músculos abdominales hiperdesarrollados. Digamos que acepto con plácida naturalidad que carezco de dotes gimnásticas; no entiendo por qué cierta gente que carece de dotes para fundar una familia pretende, en cambio, que la modalidad alternativa de combinación humana que escogen sea designada con el nombre que en realidad tanto detestan. Supongo que tanta terquedad obedece en el fondo a la supervivencia de un complejito; pero los complejitos, que merecen nuestra caridad, no pueden provocar el torcimiento del lenguaje. De una señora gorda podremos decir, por cortesía o sentido del humor, que está lozana, jamona o maciza; ponderar su esbeltez, en cambio, constituye un ejercicio de cinismo.
Y, salvo que juguemos al cinismo, hemos de reconocer que familia no existe más que una. Cuando decimos «familia tradicional» estamos formulando en realidad un pleonasmo, tan grotesco e hilarante como si dijéramos que después de comer nos gusta dar un «paseo pedestre». Pues «tradicional» viene del latín «traditio», que significa entrega, transmisión. No existe familia sin transmisión de vida, sin entrega de una generación a otra; y esa «traditio» se realiza mediante la unión permanente y fecunda de un hombre y una mujer que proyectan su fe en el futuro sobre una vida que los prolonga. Podemos jugar a torcer el lenguaje cuanto deseemos, podemos marear las palabras y someterlas a centrifugados y travestismos pintorescos; pero, por mucho que nos empeñemos, un pollo seguirá siendo un pollo, aunque lo envolvamos con una piel de conejo.
lunes, diciembre 31, 2007
ESTADISTICAS FAMILIA
¿Merece la pena la familia? El sí de los ciudadanos es apabullante, y también los gobiernos reconocen que esta institución es esencial para la estabilidad social. Las consecuencias negativas del divorcio son de sobra conocidas, y todos –o casi todos– los divorciados hubieran deseado durar para siempre. ¿Por qué se rompen entonces tantas familias? La Coalición norteamericana por el Matrimonio, la Familia y la Educación de las Parejas está convencida de que el divorcio es prevenible.
La situación demográfica de Europa no invita precisamente al optimismo. La fecundidad media en la UE es de 1,5 hijos por mujer, y en ningún país miembro se alcanza la tasa que garantiza la sustitución de las generaciones (2,1). Todos estos datos son analizados en el Informe "Evolución de la Familia en Europa 2006", del Instituto de Política Familiar. Quizá haya un profundo pesimismo en la raíz de este invierno demográfico, como sostiene George Weigel en "Política sin Dios". La edad a la que se tiene el primer hijo se retarda, hasta haber logrado cierta posición en la vida. Y a esto hay que añadir cierto "trastorno de Saturno": uno de cada seis embarazos terminó en 2003 en aborto. De no haber sido así, los europeos hubiéramos cumplido con creces con el expediente natalicio.
miércoles, noviembre 28, 2007
SE MUERE LA FAMILIA?
Si la sociedad es narcisista, ¿por qué todos valoran tan alto la familia y la amistad?
Familia y amistad no son valores nuevos, pero sí que son valores patentes en la sociedad actual. No pueden ubicarse dentro de la esfera de los valores innovadores, pero sí dentro del conjunto de valores patentes y emergentes, porque, contra todo pronóstico, tanto la familia, como la amistad, son horizontes de sentido buscados, deseados y sumamente respetados por la gran mayoría de los ciudadanos de nuestra sociedad.
A pesar de que en la década de los sesenta y de los setenta se pronosticó la muerte de la institución familiar y de todo lo que representaba, el hecho es que la familia subsiste y es valorada de un modo preeminente en las sociedades mediterráneas, aunque, naturalmente, la unidad familiar ha experimentado profundas mutaciones y cambios a lo largo de los últimos cincuenta años.
Con todo, el deseo de tener una comunidad cálida, la voluntad de pertenecer a un ámbito de afecto y fidelidad se detecta como prioridad en muchos ciudadanos. Algunos jóvenes lo expresan de un modo muy enfático cuando dicen que la familia no falla, que siempre se puede contar con ella, que resulta un soporte afectivo determinante en momentos de fragilidad.
La familia constituye una de las principales instituciones donde se produce el proceso de socialización, donde se reproducen los valores dominantes, pero también es la cuna donde se generan nuevas actitudes y concepciones culturales.
Indagar en torno a los valores familiares supone interesarse por uno de los núcleos centrales donde se reproduce la vida social y significa estudiar la matriz donde se engendran nuevas prácticas y nuevas experiencias.
En todas las encuestas de valores desarrolladas en los últimos años en las sociedades mediterráneas, la familia ocupa un lugar central.
Casi la totalidad de los españoles piensan, por ejemplo, que la familia tiene un papel muy importante en sus vidas. Según estas apreciaciones, la familia es un valor que está por encima de la amistad, del tiempo libre o del trabajo y a una distancia abismal de lo político o la religión. En términos generales, los ciudadanos españoles sienten una gran atracción por el núcleo familiar, pero en cambio sienten un interés muy limitado por el destino de sus conciudadanos, sean nacionales o comunitarios.
La verdad es que esta percepción revela un considerable desconocimiento de los factores que más conciernen al destino de los miembros de una sociedad moderna.
Lo que caracteriza la vida social de las naciones avanzadas es que ésta depende sobre todo de la estructura y del funcionamiento de las administraciones y de los mercados, que tienen una dimensión que desborda ampliamente los ámbitos locales. Sin embargo, el desinterés por este tipo de elementos es fácilmente detectable, mientras que el núcleo íntimo, la familia, ocupa un lugar privilegiado.
Con todo, es evidente que las transformaciones y mutaciones que sufre esta unidad social están íntimamente relacionadas con los cambios que operan en el ámbito social, en el contexto laboral y político.
Existe en nuestra sociedad una pugna entre individualismo y familiarismo. Por un lado, se detecta una tendencia a la vida autónoma y separada, pero, por otro, también una cierta tendencia a construir núcleos afectivos de índole muy distinta que se denominan globalmente familia.
Las sociedades donde la familia representa un valor institucional menor, han fomentado más el individualismo, ya sea a través de la dinámica del mercado, como sucede en países como los Estados Unidos, ya sea a través de la intervención del Estado del bienestar en la vida familiar, como ocurre en los países escandinavos. Mientras que en las sociedades, donde la familia ocupa un lugar fundamental, el individualismo retrocede.
Se mantienen creencias y representaciones muy tradicionales respecto al papel de la familia en la sociedad, sobre sus funciones y sobre su prioridad en la provisión del bienestar. El sistema de valores de nuestra sociedad experimenta mutaciones muy rápidas en determinados aspectos, pero no en el ámbito que afecta a la familia y a la amistad.
Se puede afirmar que en nuestro país, la familia se ha convertido en una especie de religión secular que sustituye a las creencias tradicionales. La prioridad que tiene el valor familia en la pirámide de valores revela, como se ha dicho, el inquietante desinterés por la cosa pública, un escaso sentido del patriotismo y sobre todo una desconfianza respecto al Estado como fenómeno esencial de Modernidad.
Esta atención al valor familia también puede explicarse por razones de dependencia social y económica. La ausencia de políticas familiares en los países del Sur del Mediterráneo puede ser la razón que explique este aprecio de los ciudadanos por la familia. El hecho que la ciudadanía lo pueda esperar todo de la familia y muy poco del Estado pone de relieve un abandono de las responsabilidades de las administraciones públicas con respecto a las familias entendidas.
La amistad aparece, por lo general, en el segundo eslabón de la pirámide axiológica. No es, por supuesto, una casualidad. En un mundo donde se detecta una aguda crisis de la confianza, los ciudadanos valoran muchísimo el vínculo de la amistad porque supone una espacio de transparencia y de autenticidad. No es una amistad que se traduzca en una forma de vida compartida, al estilo colectivista de antaño, propio de la estética hippy, sino que es concebida como una relación sincera y franca que se funda en vínculos de confianza, pero que no rebasa el ámbito de la privacidad.
Vivimos en sociedades masificadas e hiperaceleradas, donde el cultivo de la virtud de la amistad plantea graves dificultades de tiempo y espacio. Se crean nuevos vínculos interpersonales en los ámbitos virtuales y ello permite, en muchos casos, el cultivo de una amistad de tipo virtual que se convierte en un ámbito de confidencialidad vital para el ciudadano.
A pesar del creciente individualismo y de la fragmentación social que se observa en nuestro ámbito social, el ciudadano reconoce el valor que tiene la amistad como punto de apoyo afectivo en el propio itinerario vital. La preeminencia de este valor pone en tela de juicio determinados diagnósticos apocalípticos sobre el modo de ser del hombre postmoderno.
En cualquier caso, no puede afirmarse, alegremente, que sea solamente individualista y narcisista, pues también experimenta la necesidad de abrirse al otro, de tener un confidente, de crear lazos afectivos con sus semejantes y construir vínculos como el de la amistad.
lunes, noviembre 26, 2007
MAS CONTRA LA FAMILIA
Nuevo golpe de efecto en el Congreso ‘contra’ las familias numerosas: la aprobación de una enmienda a los Presupuestos de IU-ICV, pactada con el PSOE, que desdibuja la figura de los matrimonios con tres o más hijos y otorga a las familias monoparentales con dos niños los mismos beneficios de que gozan las numerosas.
A partir de 2008, solteros, separados o divorciados que tengan dos hijos a cargo tendrán la misma consideración y ayudas a las que puede optar una familia numerosa, o sea la formada por una pareja o matrimonio con tres o más hijos. Podrán solicitar ayudas, becas y todas las subvenciones que la Administración prevé para este colectivo.
La noticia ha puesto en pie de guerra a las asociaciones y organizaciones que defienden los derechos de las familias numerosas. Consideran que una cosa son las políticas familiares y otra muy distinta medidas de asistencia social a personas con hijos en situación crítica tras una separación.
Familias de primera y de segunda
Esta decisión “discrimina a casi tres millones de parejas con dos niños, 2.916.000 familias, que representan al 21 por ciento de los hogares, a los que impide esta consideración”, por lo que se está falsificando y prostituyendo el concepto de familia numerosa”, considera el Instituto de Política Familiar (IPF).
El presidente del IPF, Eduardo Hertfelder, que pidió la “rectificación inmediata” de la enmienda, opina que ésta “genera familias de ‘primera’ clase y familias de ‘segunda’”.
También cree Hertfelder que, además, la decisión tomada en el Congreso de los Diputados “va a provocar situaciones de injusticias para numerosos colectivos familiares con necesidades especiales, como familias con dos hijos mellizos o gemelos, familias con dos niños adoptados o familias con personas mayores a su cargo”.
Para el IPF “es incoherente asimilar las familias monoparentales, que tienen tres miembros, con las numerosas, ya que muchas de las medidas destinadas a ellas se basan en sus necesidades especiales”, como ocurre, por ejemplo, con la reducción en el impuesto de matriculación del 50% para monovolúmenes o coches grandes, o con el derecho a Viviendas de Protección Oficial mayores de 90 metros cuadrados.
No es razonable
Al mismo tiempo, el presidente del Foro Español de la Familia, Benigno Blanco, cree que las políticas de apoyo a las familias numerosas “se basan en el número de hijos que tiene una familia, lo que merece ayudas”, mientras que la “situación especial de una madre o padre solteros con dos hijos, que también requiere ayudas”, no debe considerarse “familia numerosa”.
Blanco opina que “no es razonable que si se considera numerosa a una familia cuando tiene tres hijos, a personas solteras o separadas se les incluya en las ayudas a las familias numerosas a partir de sólo dos hijos”. De esa forma “se pierde el concepto de familia numerosa”.
Por otra parte, la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) denuncia que esta medida hace que se desvirtúe el concepto que las agrupa, definido hasta ahora por el número de hijos.
“También pueden sentirse discriminadas las familias con un hijo que vivan en el medio rural, donde sus hijos tienen muchas menos oportunidades”, argumenta Eva Holgado, presidenta de la FEFN, quien cree que si la intención es evitar una supuesta discriminación, no parece que vaya a dar resultado.
Institución socialmente valiosa
Las ayudas al matrimonio y la familia por parte del Gobierno deberían estar basadas en el hecho de que se trata de una institución valiosa para la sociedad en su conjunto, argumentan las asociaciones críticas con la decisión del Congreso.
Este hecho no implica una desatención de las familias monoparentales. Deben recibir asistencia, sí, pero en el marco de las políticas de ayuda social, no en el de las ayudas a la familia numerosa. Si llaman familia numerosa a todo, entonces nada es realmente familia numerosa.
“Las familias monoparentales, así como otras con situaciones especiales, tienen unas necesidades específicas y las administraciones públicas deben tenerlas en cuenta, pero para adoptar medidas específicas para ellas, no incluirlas en medidas destinadas a otros fines”, aseguró el presidente del IPF.
Además, estas organizaciones consideran que, dando prioridad en las ayudas a las familias monoparentales con dos hijos, parece que se está premiando la ruptura o la monoparentalidad. Lo idóneo es que cada niño tenga padre y madre.
AYUDAS A LA FAMILIA? A QUE FAMILIA?
MADRID- Sofía nació el pasado15 de noviembre. Sus padres sabían que el Gobierno había aprobado la concesión del denominado «cheque-bebé» y, antes de tenerlo en sus manos, ya habían pensado lo que harían con él. En primer lugar, lograr un desahogo y quitarse del cuello, aunque sólo fuera por unos meses, la soga del alquiler. Por otro, emplear una parte en viajar a los Estados Unidos para que los abuelos maternos pudieran conocer a la pequeña. Sin embargo, todo se desvaneció cuando Ignacio, el padre de la criatura, cruzó el umbral de la oficina de
Y es que, el hecho de que Kathryn, su mujer, lleve menos de dos años residiendo en España ha dejado a esta familia madrileña fuera del reparto de la ayuda. Indignado, Ignacio cogió la ley por los cuernos y la leyó y releyó con la intención de comprobar por sí mismo lo que creía un disparate. Lo que descubrió hizo que montara en cólera y está dispuesto a llegar a donde sea con tal de hacer valer los derechos de su familia. Se siente agraviado y discriminado con respecto a otro tipo de núcleos familiares, y así se lo hará saber al Defensor del Pueblo, al que tiene pensado enviar una misiva exponiendo su problema.
La primera de sus quejas tiene que ver con que la ayuda está prevista no para la familia, como él pensaba, sino para la mujer, y como la suya no ha cumplido el tiempo mínimo establecido, no tendría derecho al cheque: «Como si la familia sólo estuviera compuesta por la mujer y el hijo, cuando yo soy español, y mi hija también», afirma indignado. En el escrito que está preparando destaca que en la ley «existe una clara discriminación inconstitucional, por razón de sexo, al designar como receptora única en los casos normales a la madre».
Sin embargo, no fue ésa la única sorpresa que se llevó buceando en el texto legal: «Descubro que las parejas homosexuales de hombres que adopten sí tendrían derecho. Es decir, que si mi mujer fuese un hombre o si yo me hubiese unido a otro varón sí que podríamos optar a la ayuda». Así lo destaca también en la misiva remitida a Enrique Múgica: «Existe una clara discriminación inconstitucional, por razón de orientación sexual, pues en caso de adopción por un matrimonio entre personas del mismo sexo, para que este tipo de familia reciba la prestación, basta con que uno sólo de los cónyuges cumpla la condición de residencia continuada en España, ya que cualquiera de los dos cónyuges puede declararse madre en el momento de solicitar la prestación», añade.
Ignacio considera a su vez que «existe una clara discriminación en relación con las familias monoparentales, pues en este caso no es necesario que sea mujer quien adopte». Como «reflexión final» este padre considera «carente de lógica el hecho de que una mujer extranjera, que nunca haya cotizado a
Desconocimiento
«Estábamos empezando, en un piso de alquiler porque no nos llega para comprar uno. Nos venía muy bien», asegura dolido. Además, otro de los aspectos más sonrojantes del asunto es que ha tocado muchas puertas institucionales y, afirma, «existe mucho desconocimiento de la ley incluso dentro de
sábado, noviembre 24, 2007
DISCIPLINA
Reivindicar la autoridad, ¿una batalla perdida?
“Autoridad es lo contrario de autoritarismo. La persona investida de autoridad es aquélla que suscita en nosotros una admiración fecunda”, dicen los expertos
“Nuestra cultura ya no venera –como antaño- las arrugas, las canas y las vueltas de la vida, sino que glorifica lo joven, lo virgen de tiempo”, asegura Mariano Narodowski, director del área de Educación de la Universidad Torcuato Di Tella. Ante este panorama, ¿es una batalla perdida reivindicar la autoridad? Juan Manuel de Prada, escritor de reconocido prestigio, que cuestiona el actual sistema educativo, considera que “mientras no nos esforcemos por restaurar este vínculo fecundo –la autoridad- que ‘nos ayuda a crecer’, la depauperación de nuestro sistema educativo no hará sino acrecentarse”.
Dos expertos en educación, De Prada y Narodowski, abogan, pues, por recuperar la autoridad perdida ante los jóvenes, una herramienta necesaria para educar correctamente a los adolescentes que, cuando eran niños, ganaron la primera batalla a sus padres recurriendo al chantaje emocional.
Aquel “ya no te quiero”, expresión favorita de los más pequeños, frase clave a la que los sobreprotegidos hijos llegan enseguida, y arma eficaz para ir mermando poco a poco la autoridad de los padres, se puede llegar a convertir en un “que te voy a dar”, cuando el joven ha perdido todo sentido del respeto a sus mayores.
¿Qué es la autoridad?
Esta es la pregunta que se hace De Prada en un artículo publicado en el último número de la revista PADRES, el del mes de mayo. “Auctoritas, en latín, deriva del supino del verbo augere, que significa ‘hacer crecer’; autoridad sería, pues, ‘aquello que nos ayuda a crecer’. Quizá en el progresivo arrinconamiento del latín en nuestros planes de estudios radique el origen de muchos de los males que nos afligen”, dice el escritor.
El que fuera galardonado con los premios Planeta (1997) y Nacional de Literatura (2004) por sus obras La tempestad y La vida invisible, respectivamente, asegura que “Autoridad es lo contrario de autoritarismo. La persona investida de autoridad es aquélla que suscita en nosotros una admiración fecunda; en su magisterio descubrimos una enseñanza que, a la vez que amplia nuestros conocimientos, enaltece nuestra vida”.
No es válido, por tanto, confundir los términos y revestir de ‘autoritarismo’ lo que es, en realidad, de gran ayuda para la formación de los más pequeños. “Quien está dotado de autoridad ensancha nuestro horizonte vital; quien, por el contrario, impone su autoritarismo, lo estrecha hasta hacerlo irrespirable”, dice De Prada, quien concluye que “la autoridad no se impone, sino que se muestra; y, cuando es una autoridad atractiva, provoca en el joven una suerte de empatía transformadora”. Lo contrario, es decir, cuando no existe autoridad, “condena al joven a creer que su capricho puede sustituir el esfuerzo”.
‘Matar’ al maestro
Otra de las cuestiones que plantea el escritor en su artículo es la reivindicación de la figura del ‘maestro’, bastante deteriorada en el actual sistema educativo. Sin la figura del maestro, “nuestra enseñanza ha enterrado al ser humano”, decía el filósofo y pedagogo Massimo Borghesi. De la misma opinión es De Prada, quien cree que “un maestro es aquella persona que, armada de autoridad, ayuda al discípulo a descifrar la realidad y a situarse en ella”.
“Nuestra época descree de los maestros; ha infundido en nuestros jóvenes la creencia absurda de que pueden erigirse en ‘maestros de sí mismos’, de tal manera que su código de conducta –cualquier código de conducta que elijan, por contingente o errático que sea- se erija en norma válida para interpretar la realidad”, concluye De Prada.
Disciplina escolar no es convivencia
La autoridad perdida ante los adolescentes es el título del artículo que Mariano Norodowski publicó en LA VANGUARDIA de este lunes, 12 de junio. ¿Cómo poner normas en épocas en que la disciplina escolar se llama convivencia? Es la primera pregunta que deja en el aire el profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.
“Los adultos de hoy nos hallamos frente a una encrucijada: si aceptamos las nuevas reglas de juego light, tememos por el futuro de los más jóvenes y si pretendemos volver a las viejas épocas (a gritar, a pegar, a amenazar, a vigilar y castigar), agitamos los fantasmas del pasado y damos pena”, dice Narodowski. Sin embargo, a continuación también se pregunta: ¿Es correcto que mi hijo salga el sábado después de media noche y regrese a casa para el almuerzo del domingo?
La única solución al dilema, como también aseguraba recientemente otro experto en educación, el profesor de Historia de las Matemáticas Ricardo Moreno Castillo, es la pedagogía del esfuerzo y la disciplina. “Se trata de comprometerse con la capacidad de educar; es hacerse cargo del poder que se ejerce y hacerlo responsablemente”, asegura Narodowski.
“Asimetría entre adultos y niños”
Todo el quid de la cuestión radica en mantener la “asimetría entre adultos y niños”, afirma Narodowski. “La vieja tradición postulaba que los adultos debían amar, pero sobre todo educar y proteger a los menores, aún a costa de ser más severos que tiernos. Los más chicos estaban obligados a amar y a respetar a los adultos y especialmente a obedecerles. Su obediencia no debía basarse en el miedo, sino en la conveniencia: en esa asimetría el niño o el adolescente son definidos por una carencia, por una falta (de conocimientos, de experiencia de la vida) y el adulto por su capacidad de resguardar, de hacerse cargo y, por lo tanto, de cuidar a los niños”.
La ruptura de esa asimetría, con las nuevas oleadas de progresismo, es lo que “hace tambalear la capacidad de los adultos para hacernos cargo de ellos, para amar, cuidar o proteger, sea con cariño, sea con severidad”.
Los mass media no ayudan
Mariano Narodowski critica, además, como se posicionan los mass media ante este tema desde hace ya bastantes años. “La posición dominante de los medios de comunicación fue la de reeducar la paternidad y la maternidad desde los cuidados que habían de prodigar a los recién nacidos hasta hacer del castigo corporal un anatema, y de cualquier forma de sanción paterna una actividad necesaria pero sospechosa de abusos y excesos”.